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13 noviembre 2014

"No todo es malo pero todo es peligroso": hegemonías, ortodoxia y resistencia


"No es que todo sea malo, es que todo es peligroso"... son palabras de Michel Foucault que resuenan en mi cabeza cada vez que escucho discursos que se proclaman poseedores de la verdad. En el caso de las religiones, no es que sea malo tener fe, creer que habrá un mundo más perfecto después de éste, encontrar consuelo en la promesa de felicidad y justicia ofrecida por un ser divino. El problema es que el camino para llegar a ese deseado estadio ideal se señale como único, indiscutible y superior a otras formas de conducirse en la vida.

04 diciembre 2012

¿Cuánto dura el amor? Las respuestas de la ciencia.



Hoy llamó mi atención un artículo publicado en el New York Times acerca de la perdurabilidad del amor. El texto recoge la evidencia científica disponible sobre la conducta humana dentro de las relaciones románticas. Naturalmente, no es necesario ser científico para darse cuenta de que son frecuentes las rupturas amorosas, los divorcios y los finales infelices de las aventuras. Pero ¿por qué sucede esto? ¿Se puede explicar desde una perspectiva biológica la tendencia de las relaciones humanas de pareja a diluirse en el tiempo? ¿Es posible cambiar los rasgos que hemos heredado de la evolución para prolongar la chispa que hace emocionantes a nuestras relaciones?

26 enero 2012

Atávico sadismo

En "El Arte de Amar", Erich Fromm se refiere a una suerte de relación simbiótica que se da en la pareja, en la que uno de sus miembros es masoquista y el otro sádico. Ambos se necesitan mutuamente: el primero porque sin el sádico no tiene identidad, el segundo para reafirmarse jerárquicamente humillando al masoquista. Aunque el autor no construyó la idea con el objeto de explicar las relaciones violentas, el paradigma coincide en muchos aspectos con el que utiliza Mead para explicar la relación entre víctima y victimario en el clásico artículo "Psicología de la Justicia Punitiva", publicado en 1919 por la Universidad de Chicago. El psicólogo social estadounidense describió el impulso primario del ser humano que utiliza la violencia como una forma de autoafirmación para construir y reconstruir su identidad a través del sometimiento del otro.

Quizá suene a lugar común, pero el comportamiento violento es atávico. La educación formal e informal, particularmente la que se adquiere en el hogar, van moldeando la personalidad del hombre y enseñándole -o no- a cooperar con los otros en su vida social, para que todos puedan alcanzar sus fines en lugar de atropellarse unos a otros continuamente. Así mismo, la sumisión y subordinación son actitudes comunes entre los "animales no racionales", pero la ley del más fuerte, nos han dicho, ha sido superada por la cultura para dar paso a un Estado de derechos, en el que teóricamente todos tenemos iguales oportunidades para ser felices.

Las relaciones familiares y de pareja que reproducen modelos disfuncionales de interacción, suelen tener a las expresiones violentas como únicos medios para comunicarse. Las mujeres se conforman con su realidad incómoda porque no conocen otra, porque tienen miedo, porque son económicamente dependientes, porque el empoderamiento político es algo tan lejano que sólo pensarlo resulta ridículo. Quien crea que el problema de desigualdad de género es cosa del pasado, no vive en el mundo real.

Cuando hablamos de violencia doméstica sabemos que muchos casos seguirán siendo cifra negra precisamente por el silencio que guardan las mujeres y los niños frente al maltrato, fenómeno que en mayor o menor grado se considera normal dentro de un modelo social cuya configuración gira en torno a la figura masculina patriarcal.

No faltan las voces que dicen que el maltrato de la mujer hacia el hombre es un problema tan grave como el inverso. Pero el 95% de adultos maltratados en el mundo son mujeres. Y una de cada tres mujeres en el planeta ha sufrido en algún momento alguna forma de violencia doméstica*. Cuando hablamos de mujeres, cuando menos en nuestro medio, seguimos hablando de un grupo vulnerable que el colectivo social invisibiliza y culpabiliza, minimizando los efectos adversos del maltrato e ignorando que el agresor es tan delincuente como el que roba o mata. El caso de Maria de la Penha Fernandes es sólo una muestra de lo que sucede en nuestros países como resultado de una tolerancia cultural a comportamientos violentos que no sólo suelen considerarse normales, sino hasta necesarios.

En el delicado tejido de las relaciones humanas, no es fácil y quizá no sea apropiado prescribir qué es lo más conveniente para cada familia, para cada pareja en el seno de sus relaciones más íntimas. Pero debe quedar atrás de una vez por todas el mito persistente de que el problema del maltrato en el núcleo familiar es una cuestión privada. El principal deber del Estado es garantizar la vigencia de los derechos humanos y proteger a los más débiles a través de políticas sociales que prevengan los daños. mas la posibilidad fiable de reparación una vez que el daño se ha perpetrado.

En Ecuador y Latinoamérica, una mujer que no ha sufrido algún tipo de violencia en un momento dado, puede considerarse privilegiada, porque es la excepción a la despiadada regla.

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*Para ampliar sobre los datos relacionados con la violencia doméstica, revisar la tesis doctoral de Paulina Paz Rincón en la Universidad Complutense de Madrid.

22 marzo 2010

Los hombres infieles son menos inteligentes

De acuerdo con un estudio del Doctor Satoshi Kanazawa, psicólogo de la London School of Economics and Political Science, mientras más inteligente es un hombre, es menos probable que sea infiel.  Según la lógica de este científico, la monogamia es una consecuencia del desarrollo evolutivo: la promiscuidad sexual era la regla en las sociedades primitivas, por la necesidad urgente de conservar la especie, mientras las sociedades más evolucionadas, en las que hay menos mortalidad, tienden a la exclusividad sexual.  El hombre más inteligente es el que tiene la capacidad de superar los comportamientos atávicos, y asumir nuevas conductas. En otras palabras, un hombre con varias parejas sexuales es "menos evolucionado", al contrario de lo que sostienen los poliamorosos.

Las conclusiones de Kanazawa son el resultado del análisis de dos importantes bases estadísticas estadounidenses en las que se encuestó a miles de varones, adolescentes y adultos, sobre sus actitudes sociales.  Del mismo estudio se colige que mientras más inteligente es la persona, es menos probable que crea en Dios o que tenga un punto de vista político conservador.  De hecho, entre los adultos jóvenes americanos, los que se consideran "muy conservadores" tenían un promedio de Cociente Intelectual (CI) de 95; los muy liberales, de 106.  Y en cuanto a los no religiosos, su CI promedio fue de 103; el de los creyentes, de 97.

Curiosamente, los resultados sobre infidelidad no aplican para las mujeres. No hay conexión entre el CI y la fidelidad debido a que la mujer, desde tiempos remotos, ha asumido un rol social que suele implicar exclusividad de pareja.

¿Qué les parece esto a los varones?

Enlaces: 

08 marzo 2010

Poliamor: amar a muchos sin engañar a nadie

Hoy en día se conoce como "poliamor" a aquella práctica en que una persona mantiene simultáneamente relaciones románticas -sexuales o no- con varios individuos, contando con el consentimiento pleno de todos ellos, no existe engaño, y por eso se habla de "fidelidad" para con todos los amores. El término comenzó a usarse en la década de los 60, en EE.UU.  Lo esencial aquí es la naturaleza estable de las relaciones, por lo que el término no se aplica a los encuentros casuales, swinging, orgías u otras formas de promiscuidad.  También es común el uso de la expresión "relación abierta" para referirse a una forma posible de poliamor.

En el mundo animal la monogamia se entiende como exclusividad sexual, mientras que entre los humanos el término tiene una connotación moral enfatizada por la institución del matrimonio, que en occidente no considera aceptable la relación amorosa con más de una pareja a la vez, por razones económicas, morales y religiosas.  Aunque la naturalidad de la monogamia en la especie humana se sigue discutiendo, pues algunos biólogos la consideran una conducta necesaria para la perpetuación de la especie, lo más probable es que se trate de un comportamiento aprendido, que se encuentra presente en poquísimas especies animales (apenas alrededor de un 5% de los mamíferos son monógamos).  

Los poliamorosos -personas que practican el poliamor- sostienen que la monogamia conlleva varios aspectos negativos como la traición, los celos, la manipulación, la posesividad.  Cosas que no serían necesarias si la apertura mental de los involucrados les permitiera aceptar que es posible construir varias relaciones profundas y duraderas, tomando decisiones consensuadas, en lugar de una relación exclusiva.  En otras palabras, la poliamoría sería una forma más "evolucionada" de entender las relaciones románticas, dejando atrás dogmas impuestos por las religiones y la sociedad.  De hecho, la "monogamia serial" es decir, tener varias parejas pero no a la vez, sino una tras otra, es una práctica aceptada en la sociedad y legitimada por el divorcio, que prueba la naturaleza promiscua del hombre.

Los poliamorosos  distinguen algunas ventajas en este tipo de relación:

  • Es una práctica que respeta la verdadera naturaleza humana.
  • Se conserva la integridad ética, al no existir mentiras.
  • Los celos, que son producto del miedo y la inseguridad, están ausentes.
  • Si una sola persona no puede satisfacer las necesidades de su pareja, su otro amante puede hacerlo, llenando el vacío.
  • No es necesario abandonar a la pareja actual ante el surgimiento de un nuevo romance.  El divorcio pierde razón de ser.
  • El sentimiento de culpa por lo pecaminoso de las relaciones sexuales desaparece.  El sexo se disfruta sin tabúes pero con seguridad.
Si bien no existen "reglas"en las relaciones poliamorosas, es frecuente un esquema jerárquico, en que una de las parejas es la principal y tiene ciertos privilegios que las secundarias no disfrutan, como la convivencia, el manejo de un capital conjunto, el cuidado de los hijos, etc.  Este esquema es el que presenta el matrimonio poligámico de la serie "Big Love" de HBO.

En nuestro medio, la pareja monogámica como núcleo familiar y social es todavía un concepto arraigado con fuerza no sólo en la mentalidad de los ciudadanos, sino en las leyes e instituciones comunitarias.  Personalmente, aunque en principio comprendo la idea de asumir la naturalidad de las relaciones abiertas, encuentro complicado integrar esta visión a mi sistema de principios, seguramente por esa gran carga ideológica suministrada por una vida entera aprendiendo a admirar y desear la exclusividad en las relaciones de pareja. ¿Ustedes qué piensan?

Por cierto, una imagen en el lado más amable del asunto ;)



Enlaces:
www.poliamoria.com
Poliamor, qué es, qué no es

21 septiembre 2009

Una mujer para toda la vida


Varias veces he escuchado decir a mis amigos varones que la monogamia, al ser una imposición cultural no determinada biológicamente, sino socialmente y hasta económicamente (aparece en el momento en que el hombre deja de ser nómada, crea la noción de propiedad privada y se ve en la necesidad de reconocer a sus descendientes), es un comportamiento anti-natural y muy pocas veces real.  Una mujer no puede aspirar a ser la única desde un punto de vista físico, aunque lo sea desde un punto de vista afectivo, me han dicho en alguna ocasión, recordándome cuán similares son los rituales de apareamiento de otros animales, a los humanos.  La cultura, en varios aspectos, es la superación de los instintos, y la capacidad de amar -que no la de desear o coquetear-, definitivamente no es inherente al hombre, es un talento que se aprende, un arte que se domina.

Sin duda el filósofo francés, fundador del Nouvel Observateur, teórico de la Ecología Política y de ideología anti capitalista, André Gorz, había aprendido a amar. El suicidio conjunto de él y quien fue su esposa hasta ese día, Dorine, generó comentarios controversiales acerca de la muerte asistida, en 2007.  Ella padecía varías dolencias y un cáncer terminal contra el que había estado luchando por años. Cuando fallecieron André tenía 84 y Dorine 83. Lo que nadie puede discutir es cuán conmovedora fue la carta que pocos días antes André le había dedicado a su mujer, algunos de cuyos fragmentos transcribo a continuación, traduciéndolos del inglés, en la versión publicada por TimesOnline.

Recuerdo haber escrito que, al final del día, sólo una cosa era esencial para mí: estar contigo. No puedo imaginarme seguir escribiendo, si ya no estás. Tú eres lo esencial sin lo cual todo el resto, no importa cuán importante parezca cuando estás, pierde su sentido y su importancia.  Te dije eso en la dedicatoria de mi último trabajo.
Estoy tan consciente de tu presencia ahora como lo estuve en los primeros días y me gustaría hacerte sentir eso.  Me has dado toda tu vida y todo de ti; quisiera poder darte todo de mí en el tiempo que nos queda.
Acabas de cumplir 82. Todavía eres bella, graciosa y deseable. Hemos vivido juntos por 58 años y te amo más que nunca. Últimamente he vuelto a enamorarme de ti completamente y una vez más llevo dentro de mí un corrosivo vacío que sólo puede ser llenado por tu cuerpo acurrucado contra el mío.
A veces en la noche veo la figura de un hombre, de una calle vacía en un paisaje desierto, caminando tras un coche fúnebre. Yo soy ese hombre. Es a ti a quien el coche se está llevando.  No quiero estar ahí para tu cremación; no quiero que me den una urna con tus cenizas. Escucho la voz de Kathleen Ferrier cantando, ‘Die Welt ist leer, Ich will nicht leben mehr’ y me despierto. Reviso tu respiración, paso mi mano sobre ti.
Ninguno de nosotros quisiera sobrevivir a la muerte del otro.  Muchas veces hemos dicho que, si por algún milagro fuésemos a tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos.


Algunas lágrimas se me escaparon mientras terminaba de leer.  Ustedes, ¿creen que podrían amar a la misma persona por el resto de su vida?

19 agosto 2009

Personalidad Vs. Carácter

En el delicado universo de las relaciones humanas, probablemente sea la relación de pareja la que más preguntas nos obliga a plantearnos. Las estadísticas muestran un promedio elevadísimo de fracasos matrimoniales en nuestro medio, y tampoco es lo más común encontrarse con noviazgos de años de duración. Dicen por ahí que la monogamia, culturalmente adoptada ante todo por motivos históricos económicos, no es natural en el ser humano. Bueno, diríase que las leyes, los modales y la solidaridad tampoco lo son. De cualquier manera, es evidente que el dilema de cómo sobrellevar la vida en pareja preocupa a muchísimas personas. Al respecto, Mort Fertel, popular consejero matrimonial, tiene un artículo interesante -del cual he tomado los puntos más llamativos- que fija como punto de partida una famosa cita del escritor estadounidense Peter De Vries:

"El problema del matrimonio es que nos enamoramos de la personalidad, pero tenemos que vivir con el carácter."

De acuerdo con Fertel, famoso por inventar un sistema para "poner en forma al matrimonio", es indispensable entender la diferencia entre la personalidad y el carácter: la personalidad es la experiencia que obtienen los demás de nosotros, nuestro perfil público. El carácter es lo que somos cuando "nadie nos ve".

Cuando una pareja se conoce, cada uno le muestra al otro su perfil público. Esto no quiere decir que se estén engañando, es simplemente la personalidad, cómo uno se da a conocer a los demás. Pero la convivencia prolongada obliga a que el "yo interior" se revele tarde o temprano y es entonces, cuando uno se muestra desnudo, que las personas se encuentran por primera vez. En muchos casos, en realidad cada uno se está encontrando consigo mismo por primera vez.

Según Fertel, la razón por la que muchos matrimonios fracasan no es que no sean compatibles con su cónyuge o que no les guste su carácter; es que no les gusta su propio carácter. Ya que toda persona es un espejo que refleja a los demás, cada cónyuge refleja el carácter del otro, y a la mayoría de gente no le gusta lo que ve. Mucha gente prefiere cambiar de pareja antes que continuar con su compañero y tener que seguir viviendo con su propio yo.

El artículo termina con una cita de Baltasar Gracian: "Eres tan real cuanto profundo. Al igual que la profundidad de un diamante, el interior es dos veces más importante que la superficie. Hay personas que son sólo fachada, como una casa que se deja sin terminar cuando se terminan los fondos: tiene la entrada de un palacio, pero las habitaciones interiores de una casucha."


25 mayo 2009

¿Se puede vivir sin alcohol?

alcoholismoLa ingesta de alcohol es consustancial a las reuniones sociales. No sólo en las celebraciones fastuosas, sino en los pequeños encuentros, incluso casuales.  Imposible concebir la diversión sin alcohol y/o drogas.  Marcas posicionadas como Johnny Walker y Jack Daniels se valen de un ingenioso concepto de "virilidad" para vincular el consumo del alcohol con el éxito, la popularidad y la aceptación social.  En los mercados todo es promesa de felicidad: desde un desodorante que atrae chicas, hasta una línea de ropa que eleva al que la usa por encima del común de los mortales, la capacidad de consumir es directamente proporcional a la posibilidad de alcanzar la dicha.  Aquí no interesa el desarrollo de una idiosincrasia propia, sino más bien la uniformación, es decir, el libre juego de la oferta y la demanda, lejos de propiciar la aparición de más opciones para las personas, les impone una sola: consumir.

¿Por qué una persona querría intoxicarse con alcohol y/o drogas?  Hemos mencionado las campañas mediáticas y sus inteligentes estrategias para hacer creer al individuo que "necesita" un producto para ser feliz.  Pero adentrándonos, profanamente, en la psiquis del borracho, diríamos que la búsqueda de un estado físico de aletargamiento y desinhibición responde a un vacío: el individuo no se basta a sí mismo.  Tal vez quiere socializar con más facilidad, quizá sólo así se atreverá a bailar o a declarar sus sentimientos... tal vez lo que busca es un pretexto para desfogar su ira o sus frustraciones, una vez intoxicado.  Tal vez en fin, el borracho es una persona triste, confundida, sin horizontes, cuya única válvula de escape es una droga que está al alcance de todos por ser legal, y en otros casos más elitistas, será una costosa sustancia del mercado negro.

Que no se me entienda mal: desde un punto de vista jurídico-doctrinario, abogo por la legalización de las drogas actualmente prohibidas, como mecanismo certero para terminar con la dañina mafia del narcotráfico, y también porque es necesario diferenciar el "derecho a la vida" del "derecho sobre la vida". Cuando se trata de salud pública, hay que educar y prevenir, pero no se puede imponer a una persona un estilo de vida determinado en tanto éste no perjudique a terceros.  Por otro lado, desde una perspectiva filosófica, creo en la tolerancia como camino hacia la paz social.

JohnnyWalkerNunca he consumido drogas y recientemente dejé de ingerir alcohol.  Mi reflexión fue sencilla: no me agrada su sabor, al beber en exceso actúo de forma exageradamente desinhibida, además de la resaca física, que de por sí es un mal intolerable, se produce la resaca moral, que sumada a las lagunas mentales configuran un cuadro patético buscado a propósito y sin propósito alguno. 

Aclaro que personalmente, me gustan el vino y la cerveza. En dosis moderadas no resultan dañinos, el problema es que para muchos, es imposible detenerse una vez que han comenzado: se sorprenderían del porcentaje de individuos que son alcohólicos sin saberlo, pues beber todos los fines de semana ya configura un nivel de alcoholismo, aunque sea tolerado bajo la etiqueta de "bebedor social".  En cualquier caso la dosis diaria máxima de alcohol que soporta el organismo es la contenida en una copa de vino o un cuarto de vaso de cerveza.

El alcohol deprime el sistema nervioso central, retarda la capacidad de respuesta y razonamiento de las personas. Es causa de accidentes de tránsito, incide en la violencia familiar, coarta los proyectos de vida de la gente y muchas veces produce consecuencias irreparables. ¿Por qué nos auto lesionamos?  ¿Por qué escogemos la levedad del placer efímero a riesgo de sacrificar el bienestar a largo plazo?  Quiero ensayar una respuesta: no somos autosuficientes, no nos hemos cultivado como para ser independientes.  Y de ser así, necesitamos ayuda profesional.  El psicólogo aplicará terapia, el psiquiatra recetará drogas, sí, pero drogas controladas con finalidades específicas y administradas en dosis apropiadas.  ¿Por qué no asumir nuestras carencias y trabajar sobre ellas en lugar de disfrazarlas con venenos?

A continuación, la pregunta "¿por qué tomas no tomas alcohol?", planteada a dos jóvenes músicos ecuatorianos:

Genaro, 21 años: dejé el alcohol porque me di cuenta de que la diversión que antes obtenía gracias a la ebriedad traía consecuencias que podían ser graves.  A medida que pasaba el tiempo, se me fue haciendo más absurdo ver a la gente embriagarse; por ejemplo, niños de 15 años que toman hasta perderse sin que haya otro motivo que la presión social.  No estoy contra la gente que toma, yo mismo no me considero straight edge. Incluso creo que por cultura general debe saberse catar un whiskey o un vino, pero que alguien me diga "porque eres mi amigo tienes que tomar conmigo", me molesta bastante.  Desde que no bebo he dejado de descuidar las cosas importantes, soy más responsable y estar lúcido me permite cuidar a mis amigos que beben.  En cuanto a mi trabajo, yo ensayo los fines de semana y si tuviera que aguantar resacas me convertiría en un miembro irresponsable de mis bandas.  Hay diferentes tipos de músicos, pero en mi caso, al componer melodías emotivas, no son útiles los estados mentales alterados; prefiero inspiraciones como mi ideología y la pasión que ella despierta, o la devoción que se puede sentir por algo.  No creo que sea necesario ser abstemio para ser buen músico, sencillamente admiro a representantes de la cultura Hardcore Punk que decidieron cuidar su cuerpo; lo que no significa que esta sea una condición sine qua non para destacar en algo.

Pablo, 20 años: Todo acaba siendo bastante relativo y circunstancial; personalmente, no ingiero como vodka, ron, tequila, whiskey, etc., porque no me gusta su sabor y me parece innecesario; pero, por ejemplo, una cerveza fría o un cóctel dulce, son deliciosos en circunstancias específicas. Creo que todo se resume a cómo lo manejes, si permites que la costumbre de tomar y realizar actividades en torno a tomar, se te vaya de las manos; pero si al contrario, lo consideras un recurso mas, entre miles que hay en la tierra, puedes controlarlo y saber decidir lo que es mejor para ti.

Y ustedes, ¿podrían vivir sin ingerir acohol?

04 mayo 2009

Amor: ni se compra ni se vende

Alguna vez, leyendo los Estudios sobre el Amor  de Ortega y Gasset, me llamó la atención una observación del autor español en el sentido de que a dicho sentimiento, antes de sentirlo, lo "conocemos", pues estamos expuestos a las descripciones que de él hacen los artistas en sus obras o los amigos en sus charlas.  Y así sucede con muchos otros aspectos de la vida: tal vez sufrimos o nos frustramos porque, a priori, hemos construido un paradigma para cada elemento del concepto de felicidad, pretendiendo saber, sin haber vivido ni experimentado, cuál es la receta para el éxito.

La verdad es que lo que funciona para unos no tiene que, necesariamente, funcionarles a otros. Si de los caminos de nuestras posibilidades vitales despejáramos la influencia de los medios masivos, de la publicidad, de los estándares, seguramente, liberados de perjuicios y expectativas inútiles, podríamos dejar que la paz salga a nuestro encuentro.


Todo esto viene a propósito de varias reflexiones en las que me he sumergido últimamente; reflexiones que giran sobre todo en torno a las razones que puede tener una persona para sentirse feliz... por lo general estamos acostumbrados a requerir una explicación sensata para lo que nos sucede, y más aún, quienes nos quieren también necesitan justificar racionalmente nuestras decisiones. Muchas veces es difícil explicarlas. Una abandona la básica lógica aristotélica para adentrarse en una suerte de lógica paradójica a la Lao Tse, en la que la inmovilidad es el principio del movimiento.  Me atrevo a decir, una lógica menos maquiavélica y más desinteresada, no tan "occidental"; unos principios rectores de la conducta que ya no obedecen al instinto básico de preservación, sino que han pasado a tomar en cuenta realidades menos inmanentes.

Cualquiera diría que estoy hablando de Dios o de la moral cristiana... no se sabe si el predicador Jesús de Nazaret -ni si quiera se sabe si existió una ciudad así llamada, pero eso es tema para otro post- es un personaje histórico o la amalgama de varios mitos de la época; pero en cualquier caso, si cabe una interpretación en este sentido, podría ponerme de acuerdo con el mentado nazareno en que el amor es ante todo desprendimiento.  Definitivamente el problema no es que nos amen o no, sino nuestra incapacidad de amar, que pocas veces advertimos. Y es que esta capacidad no es innata ni instintiva sino valorativa: la axiología, los sistemas de valores abstractos son justamente los que nos diferencian de la vida meramente biológica de los animales; nosotros siempre perseguimos el "deber ser" además del ser, una finalidad última para nuestro comportamiento, un horizonte para nuestros pasos. La capacidad de amar se construye, se perfecciona.

Entonces, el amor, que tanto se confunde con el primario instinto de reproducción, no es un hecho sino una decisión.  No es "ciego" sino que ve más allá de lo aparente, no es autocomplaciente sino trabajador, no se "encuentra" al azar, sino que se aprende, como se aprende a dominar un arte.  Otro tipo de vínculos, posesivos, interesados, ególatras, idealizados, apasionados, en fin, suelen fracasar porque nunca fueron decisiones conscientes o en todo caso se maquillaron con las ilusiones irreflexivas propias del ser humano inexperto o frívolo.

Que no se me entienda mal: la ilusión es inherente al hombre y constituye el motor de la creatividad humana, pero es un impulso inicial efímero, que en caso de ser el único cimiento de una relación está destinado a desaparecer, y con él, todo lo que se haya construido encima.  "Porque tengo conciencia de sus defectos tengo conciencia de que la quiero" decía el maestro Adoum, y aún un sacerdote español que conocí en clases de bioética -el P. Antonio Alonso- narraba que su primer consejo para las parejas que asistían a los cursos prematrimoniales era: "no se casen si están enamorados", agregando después que el enamoramiento es un estado de franca idiotez durante el cual no deberían tomarse, jamás, decisiones importantes.  Paradójico que yo tome como referencia el criterio de un párroco, pero antes que nada, hombre inteligente. Amar, eso sí, y no es lo mismo.  Amar, en fin, como sostiene el entrañable Fromm  y otros sabios como Paracelso: cuanto más grande es el conocimiento de una cosa más grande es el amor.  

No se trata de un intercambio mercantil, de un contrato conmutativo, sino de una actividad creadora, una virtud, una unión a condición de preservar la propia individualidad, una acción de dar que es, en sí misma, la dicha.

17 diciembre 2008

El amor es un gran mercado

1120075_buy_and_sell_2 La Gaba, una de mis más entrañables amigas, que además es compañera de aprendizajes e ideología, escribe desde hace un tiempo en un blog maravilloso: sus entradas, muchas veces lacerantes, de una honestidad casi brutal para el gusto común, son textos necesarios, imprescindibles.  Particularmente, este post, con el que me sentí muy identificada, me parece un corolario de las incertidumbres, pero también de las motivaciones, que la vida en un sistema mecanizado y mercantilizado pueden provocar en quienes deciden dejar de ser observadores pasivos, dejar de vivir solamente porque el aire no cuesta, y comenzar a reducir la brecha de la incoherencia entre lo que se dice y lo que se practica.
 
En una de esas espontáneas entradas de Calendario Lunático, escrita en medio de reflexiones y ansiedades, quise anotar un par de ideas que conectan con el artículo de mi amiga y que ahora tal vez tienen forma más definida como para incorporarlas a Lunas Azules.
 
Quizá no nos apercibimos, en medio de nuestras rutinas, de que todas las cosas pequeñas son metáforas de algo más grande. Nos valemos siempre de metáforas para explicar las cosas: metáforas que a su vez son arquetipos de lo que en general se considera correcto y conveniente.  Así, todos tenemos una idea más o menos clara de lo que implica ser exitoso: tener un buen empleo -es decir, bien remunerado-, una mujer bonita o un marido solvente, una casa propia, un automóvil, unos hijos deportistas que se eduquen para continuar el patrón del "éxito".  El paradigma del matrimonio en occidente implica necesariamente la monogamia -cuando menos debe aparentarse- y una vinculación muy parecida a la que existe entre los objetos y sus dueños, en un sistema en el que la propiedad privada es el derecho sagrado por excelencia.
 
1108079_monthly_fee_5 Vivimos y nos movemos entre el deseo y la desesperación. Deseo, porque antes de vivir, ya sabemos cómo "debe ser" la vida; deseo de alcanzar un modelo dibujado a priori, sin preguntarnos nunca si no es más lógico construir la felicidad en la marcha, viviendo nuestra propia circunstancia.  Desesperación, porque el mundo moderno reserva las recompensas que promociona, a unos pocos privilegiados y nos enseña que una vez que algo se consigue, hay que desear más y "luchar" por alcanzarlo.  ¿Suena familiar esta dinámica? Por supuesto, es la dinámica del mercado: en nosotros se siembra el deseo de comprar los productos que nos han diseñado, deseamos lo que quieren que deseemos. ¿Quienes? Los que se benefician de las ventas, naturalmente.
 
Así, la mayoría de nuestros modelos de vida, incluso los que pensamos más espirituales o metafísicos, son reproducciones, pequeñas metáforas del gigantesco y sistemático mercado, en el que el dinero no tiene respaldo real, se juega a la lotería financiera, se perpetua la deuda de todos los países y sus habitantes y se mantiene la ilegalidad de ciertos productos para propiciar que su negociación genere ganancias obscenas.  Ganancias para pocos, ceguera y alienación para la mayoría. Todo es una metáfora de algo más grande.

26 septiembre 2008

Cuando se acaba el amor

soledad Un elemento constante en nuestro imaginario colectivo es la relación directa que establecemos entre la felicidad y la obtención de una pareja con quien compartir almohada, dinero e inquietudes. En principio, estas necesidades vienen determinadas por el instinto de conservación de la especie, que marca las directrices de la mayor parte de nuestras vidas y cuya elaboración a través de la historia, así como la introducción de conceptos de índole distinta, sobre todo económica, han dado lugar a la aparición de nociones como la de monogamia y otra quizá aún más inverosímil: la de "amor eterno". Tan ligadas se encuentran, en nuestro subconsciente, los conceptos de pareja y éxito; pareja y felicidad, que los fracasos amorosos suelen desencadenar catástrofes en la vida de los individuos, volviendo difícil el desarrollo normal del día a día.

Quizá el noviazgo como meta se encuentre más arraigado, por razones culturales, a la idiosincrasia de la mujer; pero no son pocos los varones que sufren una profunda desolación cuando una relación importante llega a su fin. La tristeza agobiante podría ser un síntoma de depresión: la gran epidemia de las sociedades modernas. En esos casos es conveniente buscar ayuda profesional, empezando por reconocer que algo no está bien -la mejor manera de identificar la depresión es evaluar si nuestra vida cotidiana ha sufrido alguna alteración mayor y si somos capaces de disfrutar las cosas que normalmente nos hacían felices-.

De cualquier manera, el ser humano tiene una gran aptitud de renovación que le permite volver a crear las condiciones necesarias para una vida equilibrada, incluso cuando se ha producido una pérdida grave, como el fallecimiento de un ser querido o el rompimiento con la pareja. En efecto, dejar de ver a quien se veía a diario, no contar con quien se contaba y no dormir más con quien se dormía, podría decirse que equivale a su muerte. Y habrá que sobrellevar el duelo.

Tal vez porque el último gran rompimiento en mi vida ocurrió hace un tiempo lo suficientemente largo como para mirar el pasado objetivamente, me atrevo a recopilar algunas sugerencias, basadas en lecturas y en la experiencia personal; tal vez sean de ayuda para quienes viven el difícil proceso de readaptación necesario para superar las separaciones:

  • Dice la sabiduría popular que los verdaderos amigos están ahí en las buenas y en las malas. Estas son las malas. Es momento de recurrir a las amistades y abusar de su tiempo y paciencia sin ningún reparo.
  • Válvula de escape terapéutico. Es muy útil encontrar una actividad que a un tiempo mantenga la mente ocupada y proporcione medios para liberar las emociones. Tocar guitarra, tomar clases de baile, hacer yoga, leer novelas... crear un blog. Todo terapeuta recomendará el ejercicio como una herramienta para crear bienestar.
  • Alejar sonidos y olores del pasado. Los recuerdos están especialmente conectados a los aromas y a la música. Habrá que desechar perfumes viejos y aislar de la lista de reproducción a la banda sonora completa de nuestra vida anterior. Cuando menos hasta que las heridas hayan cicarizado.
  • Eliminar datos e imágenes. En la era de las redes sociales es muy fácil que ese hi5 o Facebook se conviertan en el portal de los malos recuerdos. Quizá haya que pensar en eliminar perfiles, bloquear contactos en servicios de mensajería instantánea, comprimir y abandonar en algún rincón del disco duro las fotos de las últimas vacaciones, y borrar números celulares.
  • Evitar la ingesta de alcohol. Seamos realistas, también es parte de nuestra idiosincrasia el recurrir al licor bendito para que nos quite los pesares, pero: el alcohol es un neurodepresor que puede provocarnos embotamiento mental, confusión, ansiedad... sin contar con la resaca. Por otra parte bajo su influencia podríamos sabotear nuestra propia recuperación. Si no hemos tomado las precauciones de la viñeta anterior, es probable que terminemos marcando ese número o escribiendo ese mail.
  • No descuidar el aspecto personal. Arreglarse, vestirse bien, perfumarse, son cosas que suben el ánimo y afirman la seguridad en uno mismo. Un cambio de look con profesionales puede ser muy terapéutico y simbólico de un nuevo comienzo.
  • Un clavo no saca a otro clavo. La decisión de tener una vida en común con alguien presupone salud mental y equilibrio emocional. Una relación instalada al apuro con el solo objetivo de borrar el recuerdo de otra, está destinada al fracaso prematuro y por tanto, a ahondar aún más nuestra frustración.
  • No hay mal que dure cien años. Aunque resulte muy difícil proyectarse hacia el futuro mientras se vive una época de oscuridad, hay que recordar que todo pasa, y más tarde o más temprano, el dolor terminará por parecer sólo un mal sueño. No tiene ninguna utilidad preguntarse "¿qué habría pasado si..?". No se trata de pretender que algo nunca sucedió, pero sí de aceptar que ya sucedió y es parte de la historia.
  • Nuevamente, si la tristeza es demasiado profunda hasta el punto en que no permite trabajar con normalidad o realizar las actividades rutinarias, lo más recomendable es buscar ayuda profesional. El médico psiquiatra puede recetar las medicinas adecuadas y el psicólogo puede prestar la terapia necesaria para volver la vida a su cauce y aceptar con optimismo una nueva realidad.

Les invito a compartir sus comentarios sobre experiencias propias y más ideas para salir adelante.



Dedicado a Marco, que en poquito tiempo se ha ganado tanto cariño. Un abrazo y un beso de fuerza y energía, guapo. I'll be there.


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Enlace:

Cómo superar una ruptura sentimental


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11 agosto 2008

All Apologies

apología.

(Del lat. apologĭa, y este del gr. ἀπολογία).

1. f. Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo. RAE

apology.

/ə'pɑ:lədʒi /|| /ə'pɒlədʒi/ sustantivo (pl -gies) (often pl) disculpa f; please accept my apologies le ruego me disculpe. Wordreference.



Es parte de la naturaleza humana el querer justificar las propias acciones y actitudes ante los semejantes. Todos buscamos alcanzar el éxito, ser admirados, tener la razón y convertirnos en modelos a seguir. Nuestro poderoso instinto de supervivencia manda que busquemos posicionarnos en una jerarquía ventajosa dentro de la estructura social, tal como sucede en algunos grupos de primates.

Sin embargo, el peculiar género humano también se ha caracterizado por comportamientos que sobrepasan al instinto, afinando y estilizando conductas en principio irreflexivas, cuando se pasa, por ejemplo, de la mera actividad de perpetuación de la especie al erotismo, o la simple acción de comer para sobrevivir, a la gastronomía. Naturalmente, habrá quien, como Rousseau, crea que el ser humano es bueno por naturaleza, pero en general parece más evidente eso de que originalmente "el hombre es lobo del hombre" y a través de la reflexión y los acuerdos, va consiguiendo reglamentar la convivencia en comunidad, moderando sus primitivas pulsiones. Así también, el precario instinto de dominación parece haber ido cediendo ante un concepto seguramente ajeno a la naturaleza: la humildad.

small

En el cristianismo y otras religiones, y especialmente en los sistemas filosóficos orientales, la sencillez o humildad es una virtud elogiable, mientras que en el pensamiento occidental, como es el caso de los grandes filósofos griegos y también de Nietzsche, es más frecuente que se considere una debilidad, ya que no permite la afirmación sólida del ser o equivale a una "moral de esclavos". Quizá sea este principio, arraigado en el inconsciente colectivo de varias generaciones, la causa de una profunda tendencia a la "apología de uno mismo" que puede evidenciarse en muchos de los debates generados en torno a blogs, redes sociales, perfiles dinámicos y tantas otras facilidades interactivas que la Web 2.0 ha convertido en características sine qua non del Internet.



El problema aparece cuando el individuo lleva su necesidad de auto justificación hasta los extremos y propicia la aparición de conflictos interpersonales -tanto en la vida real cuanto en la red- ya que para defenderse se vale de una sobrevaloración de sus propias posturas, hasta creer que sus criterios tienen valor absoluto, universal e irrebatible, con la consecuente minimización de las ideas ajenas y una total falta de receptividad hacia los conceptos que le son extraños. Pero detrás de esta exagerada afirmación del ego, parecen esconderse siempre algunos complejos y temores frente a los cuales la arrogancia y la agresividad funcionan como escudos: quien miente seguramente se siente insatisfecho frente a su realidad y quien insulta en el fondo es presa del profundo miedo de ser aquello que pretende odiar.



La humildad, sin confundirla con la humillación, es una actitud vital que, al basarse en el reconocimiento de las propias limitaciones e insuficiencias, permite crecer, va de la mano con la tolerancia y por ello da paso a una mayor cantidad de conocimientos. Por el contrario, una actitud pedante llega a ser una muralla cerrada ante todo lo que pueda parecer diferente, y responde siempre con la inútil crítica destructiva, rechazando toda posibilidad de guía o de rectificación.

Cuánto bien nos haría a todos abandonar por un momento esa adicción al discurso de auto disculpa -coincidiendo aquí con la acepción inglesa de apology-, a la continua alabanza de uno mismo; y aceptar la propia mediocridad, admitir los errores, escuchar a los demás incluso cuando en principio sus opiniones nos puedan parecer absurdas... en suma, aprender a olvidarnos del ego por un momento.



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Enlaces:

La humildad - Proyecto PV

Aproximación a la humildad - Sappiens.com


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P.S. Gracias al Marco por la inspiración para el título del post, tomado de una canción de Nirvana :)

15 julio 2008

El secreto del éxito



Bajo un titulo que me suena a libro de "auto ayuda" (je je) y por disponer de muy poco tiempo -es época de organización de conciertos- pero al mismo tiempo no querer dejar de actualizar este espacio, les dejo con mi pequeña versión de un poema que frecuentemente se le atribuye a Ralph Waldo Emerson pero que, según leo en trascendentalists.com, le pertenece a Bessie Stanley, quien en 1905 ganara un concurso de ensayo corto con el mencionado texto . La versión que se le atribuye a Emerson es la siguiente:


Haber reído con frecuencia y amado mucho
Haber conseguido el respeto de las personas inteligentes
y el afecto de los niños;
Haber ganado el aprecio de los críticos honestos
y haber sobrellevado la traición de los falsos amigos;
Haber apreciado la belleza, haber encontrado lo mejor de los otros;
Haber dejado el mundo un poco mejor,
sea con un hijo saludable,
una parcela de jardín o una condición social redimida;
saber que siquiera una vida ha respirado más fácilmente
porque tú has vivido.


Esto es haber tenido éxito.





18 junio 2008

Un examen de conciencia para los rockeros

El trágico acontecimiento suscitado hace varias semanas en la sala de eventos Factory, de Quito, provocó algunos debates acerca del reducido espacio cultural que tiene el rock en nuestro medio. Como muy pocas veces, la escena rockera tuvo presencia en los medios masivos de comunicación y se generaron diferentes foros para discutir las circunstancias que de forma directa o indirecta incidieron en lo ocurrido. Pasada la polémica inicial, y sin poner en tela de juicio en legítimo derecho de los jóvenes rockeros a solicitar más y mejores espacios para la difusión de sus expresiones artísticas, cabe también que nos preguntemos si no somos los propios rockeros sumamente intolerantes frente a quienes tienen gustos y vidas distintas.



Junto a mi grupo de trabajo tuve la oportunidad de participar en un desfile de solidaridad con las víctimas del incendio, desfile que se llevó a cabo en Cuenca un par de semanas después de la tragedia y contó con la presencia de voceros del gobierno y el manager de los hermanos de la banda gótica Zelestial. Un grupo bastante extenso de gente vestida de negro caminó por las calles céntricas de la ciudad portando pancartas y gritando consignas que hacían referencia básicamente a la necesidad, como mencionamos ya, de que las diferentes culturas urbanas asociadas con los géneros rock, cuenten con espacios más adecuados para vivir su idiosincrasia y el apoyo institucional necesario para garantizar la calidad y la seguridad en los eventos. Posteriormente, a raíz de algunas conversaciones casuales mantenidas con compañeros que trabajan en la promoción artística, reflexioné sobre una frase que me repetían desde la infancia: "no se tiene derecho a exigir lo que no se es capaz de dar".

Parece apropiado que todos quienes vivimos la cultura rock nos preguntemos también si somos tolerantes y abiertos de mente. He asistido a conciertos en los que alguna banda ha sido ridiculizada e incluso agredida por el público simplemente porque su música pertenecía a un género distinto al que escuchaban la mayoría de los presentes; un ejemplo: en el QuitoFest del año pasado, cuando la poderosa banda estadounidense Darkest Hour subió a escena un poco antes de lo programado, ya que quienes debían actuar en ese momento tuvieron problemas para llegar puntuales; gritos insultantes y hasta botellas de plástico cayeron sobre los miembros de uno de los grupos más representativos del metal contemporáneo, sin ninguna razón lógica: sólo que parte del público quería ver de inmediato a su banda favorita y no pensó siquiera en la opción de deternerse un momento a escuchar la novedosa propuesta de los gringuitos.

Esta suerte de discriminación al revés se produce seguido y de maneras diferentes: los rockeros reclamamos respeto pero no respetamos a quienes llevan estilos de vida distintos. Creemos que escuchar reguetón o pop merece la pena de muerte. Pedimos tolerancia pero mostramos mucha agresividad contra grupos insertos dentro de nuestra propia escena, como los llamados "emo" que son víctimas de violencia física o cuando menos blanco de burlas. Solicitamos espacios adecuados para realizar nuestros eventos pero no tenemos cuidado con las facilidades de los pocos locales que existen y hemos llegado incluso a destruirlas porque algo no nos pareció bien. Exigimos apoyo económico de instituciones públicas y privadas pero no somos capaces de apoyar a nuestros propios artistas pagando una entrada que generalmente no sirve ni para cubrir los gastos que hacen los organizadores, y preferimos permanecer afuera de los eventos, consumiendo alcohol y haciendo gala de una rebeldía que más bien se parece al quemimportismo.

Siempre voy a creer que la vida en la escena rock puede llenar de satisfacciones a una persona; que gracias a los rockeros que sí valoran el trabajo de músicos y promotores ha sido posible mantener una cierta continuidad en la realización de eventos e incluso hemos visto a bandas legendarias en escenarios ecuatorianos. Tampoco he dejado de creer que la música rock sea un medio legítimo para expresar una particular actitud ante la vida y una forma especial de enfocar la realidad y los sentimientos, como tampoco dejo de afirmar que el apoyo institucional a nuestra escena es prácticamente inexistente y degenera en prejuicios infundados y absurdos contra toda estética alternativa. Pero la lucha tiene que darse también puertas adentro. Propongo un examen de conciencia y un desfile interior por la tolerancia, en el que sostengamos pancartas que nos recuerden siempre que todos merecemos respeto y que debemos ser nosotros el primer referente de la conducta que ahora exigimos a la sociedad y a los estamentos institucionales.

P.D. El vídeo del programa del señor Ortiz consta porque es necesario poner en evidencia la estrechez mental de ciertos "profesionales" del periodismo.

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Now playing: Thrice - Burn The Fleet
via FoxyTunes

03 marzo 2008

Malentendidos


Ilustración: The eternal misunderstandings
between the paranoic boy
and the hysterical lady por LêA


Sólo puedo comunicarme con el otro en la medida en que él y yo damos sentido al universo de la misma manera y expresamos ese sentido en los mismos términos.

D.G. Boyle


Hace algunos meses, además de mi cátedra regular, tuve la oportunidad de dictar la de Lenguaje Instrumental, sustituyendo al profesor titular, que estaba enfermo. Entre las lecturas que los estudiantes utilizaron para trabajar había un artículo de Rosa Montero que he vuelto a leer varias veces, titulado Malentendidos. Me parece que se había publicado en El País, no estoy segura, pero lo que me llamó la atención fue la sencillez y claridad con que la autora aborda algo tan evidente que nadie parece notarlo: la incapacidad de los seres humanos para comunicarnos de verdad. Digo de verdad porque muchos dirán que lo evidente es más bien la posibilidad de comunicación, si no qué es esta maraña de actividades en red, correos electrónicos, llamadas de larga distancia, televisión, radio... telégrafo; todos ellos medios de comunicación, pero en este caso utilizo la palabra en sus acepciones de entendimiento, comprensión, identificación con una idea o mensaje.

Recordé una vez más el mencionado artículo porque creo estar atravesando una crisis de comunicación que va ganando peso a medida que aparecen nuevos conflictos -¿al igual que yo?-. Esto resulta paradójico considerando que quienes nos valemos del idioma como instrumento de trabajo deberíamos estar, en teoría, especialmente capacitados para darnos a entender, y sin embargo, en materia de relaciones humanas las posibles interpretaciones de lo que decimos se multiplican por el infinito: estados de ánimo, contextos, gestos, hora del día y hasta el clima son factores que inciden tanto en la capacidad de emitir como de recibir mensajes.

A esto podemos añadir que gran parte de las comunicaciones actuales están basadas en medios que excluyen el contacto personal, como los chats y los mensajes de texto. Podría decirse que cualquier cosa escrita -en particular si el autor no tiene destrezas en puntuación y sintaxis- puede interpretarse de cualquier manera imaginable. Cómo saber, por ejemplo, si el "no gracias" (o NO GRX) que alguien teclea es un "no gracias" educado, agresivo, irónico, malintencionado... los contextos muchas veces resultan insuficientes. Lo triste -¿o lo lógico?- es que las personas podemos herir mucho antes de tener oportunidad de explicarnos mejor y luego resulta no sólo complicado sino hasta incómodo y muchas veces inútil, tratar de volver las aguas a su cauce. Después de todo no es razonable esperar que alguien descifre un código invisible.

Personalmente, la convicción de no haber sido comprendida me produce una ansiedad agotadora, y la sospecha de haber herido sensibilidades, un sentimiento de culpa intolerable. Esto se suma a que ninguna de mis alternativas de solución me satisface:

  • Todo el mundo debe estudiar Lingüística y Semiótica para afinar su capacidad de emisión y recepción.
  • Los medios impersonales deben usarse sólo para localizar gente y no para conversar.
  • Nunca hay que emitir criterios personales sobre nada ni generar frases que involucren y/o afecten emociones. Esto equivale a no volver a hablar en la vida, supongo.
  • O bien: hay que mentir sobre lo que uno piensa y sólo decir cosas indefectiblemente agradables.

Regresando al artículo que cité al inicio, recuerdo que la escritora española concluía que la comunicación real entre las personas es prácticamente imposible. Pero con esperanza agregaba que pese a todo habrá momentos milagrosos en que sentiremos un calorcito especial en el corazón, cuando por unos segundos nos sintamos comprendidos y nos "rocemos los lomos"; y que este milagro será más placentero, íntimo y humano que las mismísimas relaciones sexuales.

López acuñó una frase que ahora forma parte de nuestra jerga doméstica: "voy a refundirme en mi miseria". Se me ocurre que el aislamiento voluntario sería la única escapatoria ante el peligro de los malentendidos... pero no, ya lo dijo Carmen Martín Gaite, hablar es lo único que vale la pena.