09 diciembre 2012

Lactancia, fórmula y sentimiento de culpa


No se trata de discutir frente a la evidencia empírica: se sabe que el mejor alimento para un infante es la leche materna y que la lactancia prolongada trae beneficios para la salud física y emocional del bebé. No obstante, nuestra sociedad está configurada de una manera muy poco amigable para las nuevas madres y al mismo tiempo exige de ellas hacer esfuerzos inmensos para dar de lactar. ¿Merecen las madres que no han podido prolongar la lactancia o han decidido no dar el pecho, ser censuradas y juzgadas por todos?


Conviene tener en cuenta algunos argumentos lógicos y otros basados a su vez en evidencia empírica:
  1. Existen organizaciones como La Leche League, que condenan a las mujeres que no dan de lactar con un discurso que podría calificarse de "fundamentalista". Las alientan, por ejemplo, a dejar su trabajo con tal de no dejar de dar el pecho. Esto es polémico, ya que el propio bienestar integral del bebé exige una estabilidad económica que la mujer tiene que poder proveer: no sólo cuando está sola o no tiene pareja sino siempre que ella quiera hacerlo.
  2. Las instituciones públicas también llevan adelante campañas que promueven la lactancia prolongada. Así, el Ministerio de Salud del Ecuador indica que debe darse el pecho exclusivamente cuando menos hasta los seis meses de edad. No obstante, el Código del Trabajo le da a la mujer apenas tres meses de licencia por maternidad. Los otros tres meses de lactancia exclusiva que promueve el sistema de salud pública hay que cumplirlos no sabemos cómo. Es cierto que durante el primer año de vida de la criatura se cuenta con dos horas diarias de permiso de lactancia, pero es evidente también que un niño no come sólo dos horas al día y peor aún dentro del horario en que su madre tiene permiso. El sistema no le ofrece a la mujer las garantías necesarias para hacer lo que se le exige: no hay licencias prolongadas por maternidad, no hay guarderías en los lugares de trabajo, no hay salas para lactancia  (o extracción de la leche) en las instituciones, etc.
  3. Muchos de quienes promueven la lactancia prolongada, refieren a las mujeres que trabajan a la extracción de leche a través de un aparato diseñado para el efecto. Lo que no todo el mundo tiene en cuenta es que la extracción también toma tiempo y que para que sea efectiva y no resulte en el fin del flujo de leche es necesario extraerla continuamente, cada una o dos horas, siendo además un proceso relativamente lento. ¿Dan todos los empleadores las facilidades para hacerlo?
  4. Sin negar los beneficios de la lactancia (algo que damos por sentado en este post), también hay que tener en cuenta que es necesario involucrar al padre en la crianza de su hijo. Desgraciadamente se asocia a la lactancia con la idea de que la única apta para criar con apego es la mujer, cuando no hay fundamento científico para sostener semejante cosa. Un padre puede alimentar a su hijo con un biberón, logrando así él también una conexión especial.
  5. Además, si bien contamos con evidencia que fundamenta el discurso a favor de la lactancia prolongada, también hay que tener en cuenta que la estadística recoge relaciones de incidencia, no de causalidad, por lo tanto, lo que parece verdad para un número masivo de gente, no necesariamente lo será para cada caso individual dentro de las relaciones madre-hijo.
  6. Pocas mujeres dejan de dar de lactar "a propósito". Para la mayoría la decisión de pasar a la fórmula se toma luego de una serie de frustraciones muy comunes: la leche no fluye, el bebé rechaza el pecho, el médico receta una medicina a la madre e incluso pueden darse condiciones bastante frecuentes como la depresión post-parto, que impiden amamantar. Los problemas pueden ser de la más variada índole, les ocurren a muchísimas mujeres y no sería razonable generalizar diciendo que si una mujer no pudo dar de lactar, fue porque "no intentó lo suficiente".
  7. Es verdad que existen estudios que refieren un mejor desarrollo emocional e intelectual de los niños que han tomado leche materna de forma prolongada. Pero también hay estudios que nos dicen lo contrario. En otras palabras, y contrario a la creencia generalizada, no hay evidencia determinante al respecto.
  8. Pero la evidencia empírica sí está muy clara respecto de algo: un niño necesita ser criado en un ambiente seguro y libre de hostilidad para desarrollarse bien. La lactancia es beneficiosa, pero definitivamente no es la única ni la mejor cosa que podemos hacer por nuestro hijo. Si sostuviéramos lo contrario, tendríamos que descartar la adopción (por padres de diferente o igual sexo), la crianza por parte de padres solteros o viudos, la crianza por parte de parientes que no son los padres, etc. Ello, además de ser discriminatorio, es un criterio extremo que le daría más valor a la lactancia, aunque sea en la orfandad, que a darle al niño la posibilidad de crecer en familia.

Personalmente, no pude continuar la lactancia por más de tres meses debido a problemas de salud, al rechazo por parte del bebé y finalmente por el retorno al trabajo. Tuve suerte: mi ginecóloga nunca intentó culpabilizarme y me animó a buscar las mejores formas de disfrutar la maternidad. Mi mejor amiga y sus dos hermanas (todas mujeres inteligentes y sanas) habían crecido con fórmula, y conocer su historia me ayudó a aceptar la situación con serenidad. El papá de mi bebé me ayudó a investigar sobre temas de salud relacionados con las fórmulas lácteas, revisó la experiencia existente en su país (más equitativo en cuestiones de género) y jamás me hizo sentir juzgada o negligente como mamá. El pediatra fue una historia diferente... 

Lo problemático es que hemos llegado a moralizar a la lactancia materna básicamente por el hecho de ser natural. Y no todo lo natural es necesariamente ético. Tiene sentido defender la lactancia materna y luchar, por ejemplo, por mejores derechos laborales y sociales para las mujeres. Pero defender la lactancia materna promoviendo la idea de que las mujeres deben quedarse en el hogar y abandonar sus estudios o trabajo para dar el pecho, es una idea retrógrada a la que subyace una noción de mujer como medio para un fin y no como fin en sí misma.

Creo que hoy nos encontramos frente a una oleada de ideas sobre crianza que retornan a nociones como el exclusivismo biológico de la maternidad y la necesidad de estar disponible a toda hora y en todo momento para el bebé (exigencia dirigida exclusivamente a las mujeres y no a los varones). Pero una buena madre debe tener, ante todo, madurez y estabilidad emocional. Debe tener tiempo para sí misma, libertad para decidir y garantías suficientes para ejercer esa libertad; debe contar con el apoyo de la sociedad y de quienes la rodean y debe entender que el sentimiento de culpa a la larga le afectará negativamente, no sólo a ella, sino también al hijo que, además de alimento, necesita amor y cuidado.