05 octubre 2009

Elephant: la violencia de cada día


Gus Van Sant, director de la llamada "trilogía de la muerte", obtuvo, con "Elephant", la segunda película de dicha trilogía, varias nominaciones y reconocimientos, entre ellos la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes, en 2003, por la puesta en escena, y también el premio al mejor director.

La historia tiene lugar un día cualquiera en una típica secundaria estadounidense, justo antes de un tiroteo masivo en el que mueren varios estudiantes.  A diferencia de otras películas que ya han tratado el tema de la violencia juvenil en EE.UU. a raíz de la masacre de Columbine, Elephant aborda el conflicto desde un punto de vista rutinario, sin pretender adentrarse en la psicología de los agresores o en los dilemas sociales que generan la violencia de manera directa, sino acercándose a la cotidianeidad de esos individuos anónimos que caminan por los corredores de la institución, sin saber que pronto van a morir.

La cinematografía es muy bella: la cámara avanza y retrocede persiguiendo o encontrándose con cada personaje; la misma escena se enfoca varias veces desde ángulos diferentes dependiendo del punto de vista del protagonista de la acción, en una secuencia circular de tiempo que nos brinda la ilusión de lentitud, de alargamiento, como queriendo que disfrutemos cada uno de esos minutos anteriores a la muerte. Otro elemento estético digno de destacarse es la banda sonora, compuesta esencialmente de piezas clásicas, entre las que destaca "Para Elisa" de Beethoven, más aún en cuanto uno de los jóvenes asesinos es un pianista frustrado.

La mayoría de actores que participan en el filme son actores jóvenes, incluso sin ninguna experiencia.  El guión fue tomando forma durante el rodaje, y el director permitió la colaboración creativa de todos los miembros del elenco.  Los personajes no dejan de encarnar estereotipos, aunque observados desde fuera, casi con frialdad: tres muchachas discuten sobre modas, chicos y dietas, para después ir al baño en grupo y vomitar su escaso almuerzo; una chica sencilla, de anteojos y poco arreglada se avergüenza de su propio cuerpo y se niega a utilizar shorts en la clase de educación física; un joven talentoso y sensible expresa su visión del mundo fotografiando personas; otro chico se enfrenta a la ebriedad consuetudinaria de su padre y coincidencialmente escapa de la matanza porque sale del edificio precisamente cuando los agresores están a punto de entrar.  Muchos de los asesinatos se quedan en el aire, sin resolverse, pues la cámara se aleja de la escena antes de los desenlaces, seguramente fatales.  Un hermoso cielo azul cierra la historia, coincidiendo con la imagen del principio de la cinta.

Una de las notas curiosas más significativas alrededor de la película, es su nombre: el director homenajea con el título y la estética minimalista a la película homónima Alan Clarke, sobre los problemas socio-políticos de Irlanda del Norte, película que a su vez toma la palabra de la expresión "el elefante en nuestra alcoba", que hace referencia a los problemas sociales que viven las naciones casa adentro, tratando de ignorarlos pese a su colosal tamaño, a su innegable notoriedad.

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