04 julio 2009

El legado de Jorge Enrique Adoum

Tuve la dicha de conocerlo personalmente hace ya cinco años. Entonces presentaba su libro de recuerdos "De Cerca y de Memoria" en el que narra las anécdotas de sus viajes y sus encuentros con grandes personalidades como Fidel Castro, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Gabo, Pablo Neruda, José Saramago, José Lezama Lima y tantos otros. "Entre Marx y una Mujer Desnuda", ganadora del premio Javier Villaurutia de México, ya era una de mis novelas favoritas y le agradecí, emocionada, por haberla escrito, mientras firmaba mi ejemplar de su libro. Años antes me había enamorado de la obra de Jorge Enrique Adoum, cuando, estando en Italia, mi tía redactaba su tesis doctoral en literatura sobre la obra del escritor ecuatoriano más importante de las últimas décadas. Él había escrito una breve autobiografía exclusivamente para esa publicación.

Entre trenes y buses, viajando sola por Modena, Bologna, Parma y otras ciudades del norte, conocí sus ensayos: ese periodismo de investigación ética y seria que sigo admirando como paradigma. "Mirando a todas partes", "Ecuador: señas particulares" y "Ni están todos los que son", son algunos de los textos que me acompañaron en esa etapa de mi vida y gracias a los cuales aprendí mucho de historia, literatura, y relaciones humanas. Ya de regreso, busqué y disfruté la vasta obra poética del autor de "Los Cuadernos de la Tierra", "Prepoemas en Post Español" y "Ecuador Amargo". Cómo olvidar estos versos que ya son clásicos:

te número te teléfono aburrido
te direcciono (callo caso y escalero)
y habitacionada ya te lámparo te suelo
te vas te enfósforo te libro
te disco te destoco te desvisto desoído
te camo te almohado enciendo descobijo
te pelo te cadero me cinturas
nos trasvasamos labio a labio
me embotello en tu adentro
nos rehacemos te desformo me conformo
miltuplicada tú yo mildividido


Cuántas citas de "Entre Marx..." se me vienen a la cabeza en este instante, para compartirlas:
  • "El libro te va saliendo un poco a la manera de esas muñecas de madera rusas o las catastillas de paja de Otavalo: tú escribes un libro sobre un escritor que piensa escribir un libro sobre un escritor -por fortuna este último escribe algo sobre sí mismo y no sobre otro colega-, e incluso cada situacion o circusntancia está dentro de otra que a su vez otra contiene: en lugar del relato lineal o angular o cuadrado, un poco los círculos concéntricos, lo que no significa que sea mejor o peor".
  • "Yo sé Bichito que un día me dejarás por otro pero eso no me impide amarte, así como la certeza de la muerte no me impide vivir".
  • "La patria señor presidente es un territorio o sea tierra o sea que no pertenece ni siquiera a los patriotas que se mojan sino a los gamonales o sea que nosotros no tenemos patria todavía"
  • "Pasados los treinta años cada uno tiene la cara que se merece"
  • "Sobre la mudanza del pasado: curioso que para deshacerse de él haya que recomponerlo".
  • "Nos odiaban por nuestra hambre y nuestros pantalones, nosotros los odiábamos por sus golosinas y sus zapatos, tan nuevos que siempre sacaban ellos las mejores calficaciones".
  • "La mitad de la población no sabe leer, de la otra mitad, la mtad no lee, más de la mitad de la mitad restante apenas el periódico o Selecciones: prácticamente conocemos a todos nuestros lectores (quizá por ello es tan cobarde nuestra literatura: porque no se dirige aun público abstracto sino a determinados rostros y no quiere herir ni golpear a nadie, pudiera tocarles a algunos amigos) y en lugar de imprimir un libro bien podríamos leérselo en un café.
  • "Todos tenemos las piernas más o menos rotas por la comodidad, atadas por la costumbre, deformadas por el temor, inválidas por la complicidad con un sistema que rechazamos en nuestros momentos de lucidez pero al que nos sometemos cada día".

Uno de los escritores con los que me identifico y definitivamente el que admiro más entre los ecuatorianos. Jorge Enrique descansa en la Capilla del Hombre, en un edificio que simboliza lo que él amaba: las infinitas posibilidades humanas. Era laico y progresista, crítico de las aberraciones del fanatismo y comprometido con la izquierda, coherente y agudo como pocos, gran entendedor de la naturaleza del individuo latinoamericano, perspicaz observador de las costumbres y las culturas. Ahora está junto a Oswaldo Guayasamín, quien fuera su entrañable amigo.

Seguirá viviendo en mi sangre cada vez que tome entre las manos un texto suyo y sienta una fuerza roja como la vida encendiendo mis ánimos de lucha. Seguirá viviendo en los ojos de quienes ahora y en el futuro lo lean y lo entiendan como testigo cuerdo y consecuente de la historia. Vive en las manos honestas que trabajan, en el perenne encanto de los amores fugaces, en las calles de las ciudades sin ángel, en el sol que se cuela entre las patas de los caballos, en la música transparente y sentida de ese cristalino poema colectivo que es Vasija de Barro. Hasta siempre maestro Adoum, tenemos tus letras cerca y las guardamos en la memoria.