19 febrero 2012

Un padre feminista

 

Hoy hacen dos años desde que me casé con Svein. Svein es inteligente, generoso e íntegro. Svein es feminista pero no lo sabe. En su país de origen la equidad de género es un estándar, es lo común, lo anticipado. Yo soy feminista, pero él no lo sabe. En su país de origen yo resultaría conservadora y tradicional. Nórdico él, andina yo, hemos recorrido caminos diferentes que coincidieron en un punto insospechado y se convirtieron en un proyecto de vida en equipo. Luego vino Adrian, y llenó nuestro pequeño paisaje de nuevas preguntas e inesperadas respuestas, poniéndonos a prueba en nuestra capacidad de liderar, decidir, enseñar y acompañar.

El otro día, en la juguetería, vimos una bonita cocina de plástico con su horno, sartenes y lavabo. Pensamos que sería un gran juguete para nuestro hijo. Coincidir en esta idea no sólo fue agradable sino que reveló una decente libertad de estereotipos alcanzada por ambos -alcanzada por mí  y por él conservada- en la vida.

El otro día, reímos al darnos cuenta de que no sabemos a qué signo del zodíaco pertenece nuestro hijo. Tal vez hemos alcanzado una decente libertad de mitos y supercherías. A Adrian nadie lo va a bautizar hasta que él mismo, si acaso, llegue a tomar la decisión de afiliarse a algún grupo religioso, político o de otra clase.

Svein ayuda de verdad. Cambia a su hijo, lo cuida, lo lleva de paseo, entra con él a la piscina en las clases de natación y le ha enseñado a dormir toda la noche. Le lee cuentos tradicionales de su país. Le canta en noruego y le da de comer con una sonrisa en los labios. Svein es el papá de Adrian, no es un extraño que aparece sólo al final del día y que no puede resolver los cotidianos dilemas de un bebé de cinco meses, sin la presencia de la madre.

Svein está orgulloso de mis modestos logros y se esfuerza por darme el espacio que necesito para trabajar. Svein me habla suavemente, me da ánimos, sabe hornear deliciosos pasteles y galletas y procura ponerse en mis zapatos cuando analizamos nuestros problemas. Svein camina a mi lado, no delante ni detrás.

Svein es trabajador. En su oficina es indispensable y asombra a sus clientes por su amabilidad, agilidad y disciplina. En una ciudad que muy poco tiene en común con los lugares en que él había habitado antes, ha logrado adaptarse a la vida laboral y social hablando un español muy correcto, aunque siempre matizado con un acento especial, perfectamente aceptable cuando resulta ser su séptima lengua.

Yo admiro a Svein. Los verdaderos héroes en este mundo son esas personas que van por la vida de buena fe. Esos que se levantan temprano y trabajan con el designio de hacerle la vida más fácil a sus semejantes. Esos que no se han dejado absorber por los elementos alienadores que ofrece hoy el mundo. Esos que luchan cada día por ser más tolerantes y dejar atrás cualquier traza de discriminación, sea por género, por raza, por orientación sexual, por pertenencia a una especie o por cualquier otro factor. Esos que no se llenan la boca de palabras vacías y simplemente viven lo mejor que pueden, tratando de tener coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen. Ellos son los héroes. Svein es mi héroe y, un día, seguro, escucharé a Adrian decir lo mismo, en palabras pequeñitas y agudas, llenas de admiración.

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16 febrero 2012

Universo de Enemigos

 
Tengo una postura ideológica que se evidencia en la mayor parte de posts publicados en este espacio. Pero ahora voy a escribir desde una dimensión más profesional y menos política de esa ideología. Adscrita al garantismo propugnado por doctrinarios como Ferrajoli, Bobbio y Zaffaroni, creo que la ley penal debe aplicarse respetando el principio de ultima ratio, es decir, en el modelo garantista, el derecho penal es mínimo y su finalidad es tutelar los derechos fundamentales, para que las penas no se apliquen arbitrariamente. 

Creo en el derecho penal como limitador del poder punitivo del Estado y no como canalizador de las pretensiones, legítimas o ilegítimas, de cualquier sector político. ¿Cometió un error Emilio Palacio? Pienso que sí. ¿Amerita su error la intervención de todo el aparataje de la justicia penal para aplicarle -como decían Les Luthiers- "punición ejemplar"? Mi opinión es que no. Del universo de conflictos legales que pueden aparecer en la vida de una persona, una mínima parte debería resolverse mediante la aplicación de la ley penal: se sancionan penalmente conductas que vulneran bienes jurídicos esenciales como la vida y la integridad física y sexual. Por supuesto que el buen nombre y el honor son atributos de la personalidad que deben ser tutelados, pero existen modernas posturas para las cuales es el derecho civil, que se ocupa de los perjuicios que pueden causarse unos particulares a otros, el que está llamado a restablecer el equilibrio cuando se presentan polémicas como la generada por un artículo de opinión que utilizó con descuido e incuria, los adjetivos y los epítetos. 

Pero aún aceptando la naturaleza delictual de la injuria cuando se entiende al honor como bien jurídico primordial, según lo establece el código penal vigente, hay otro principio fundamental que sirve para frenar los abusos del poder: el principio de proporcionalidad, consagrado en instrumentos internacionales y en la Constitución. ¿40 millones? Es una cifra sin precedentes. ¿Por qué no 10 o por qué no 100? La sentencia no hace una valoración justificada del lucro cesante, el daño emergente y el daño moral, que puede y debe probarse.

Y aunque las circunstancias que despiertan dudas -como la rapidez con que se redactó la primera sentencia- son varias y diversas, me voy a referir solamente a una más, por escandalosa: la figura hoy creada de "autoría coadyuvante" que sienta un precedente nefasto para la jurisprudencia ecuatoriana porque se aplica utilizando un criterio causalista para imputar un hecho doloso: todo lo que al ser mentalmente suprimido determina la desaparición del resultado, debe considerarse causa. Los directivos del Universo se consideran autores porque de no haberlo permitido ellos, no se habría podido publicar la opinión. Es decir, el artesano debe ir a la cárcel por haber fabricado el cuchillo de cocina con el que el asaltante atacó a su víctima. Hace décadas, con el maestro alemán Welzel y posteriormente con un mayoritario sector doctrinario, el pensamiento penal dio un giro radical y entendió que la acción humana es ante todo final, está orientada a la consecución de una meta que se propone inicialmente en la esfera del pensamiento. Sólo cuando la finalidad se corresponde con el resultado, podemos hablar de dolo o intenión de dañar. Esta improvisada figura rebasa la noción de acción, esencial para llevar más adelante el concepto de delito, y además, extiende la responsabilidad penal a una persona jurídica cuyos representantes serán sancionados como si ellos hubieran llevado a cabo la conducta dolosa, sabiendo que no es posible una injuria culposa porque no está tipificada. 

El derecho penal debe castigar acciones, no sólo resultados y mucho menos formas de ser de las personas. La realidad judicial ecuatoriana ha tomado partido por cuestionables concepciones como la del "derecho penal del enemigo" promulgada por Jakobs, que considera que las garantías no deben proteger a ciertas personas, esas que se han apartado del contrato social y de sus roles asignados. Ellos son enemigos, enemigos que en un momento dado podemos ser todos nosotros, porque el etiquetamiento depende, no de factores jurídicos como en el derecho penal liberal, sino de factores discrecionales, propios de regímenes arbitrarios que la humanidad ha lamentado a lo largo de la historia. 

Como abogada, como estudiosa del derecho penal, como docente y como mujer, rechazo el rompimiento con los derechos humanos que ha sido perpetrado por la administración de justicia ecuatoriana, y que se agravará con la vigencia de los proyectos legales que ahora mismo se están discutiendo. Nuestra innovadora y humanista Constitución, por la que muchos votamos, y en la que seguimos creyendo, contiene todas las herramientas necesarias para garantizar la vigencia real de los derechos humanos, pero por ahora no es más que un libro de pastas blancas colocado en una repisa.
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26 enero 2012

Atávico sadismo

 
En "El Arte de Amar", Erich Fromm se refiere a una suerte de relación simbiótica que se da en la pareja, en la que uno de sus miembros es masoquista y el otro sádico. Ambos se necesitan mutuamente: el primero porque sin el sádico no tiene identidad, el segundo para reafirmarse jerárquicamente humillando al masoquista. Aunque el autor no construyó la idea con el objeto de explicar las relaciones violentas, el paradigma coincide en muchos aspectos con el que utiliza Mead para explicar la relación entre víctima y victimario en el clásico artículo "Psicología de la Justicia Punitiva", publicado en 1919 por la Universidad de Chicago. El psicólogo social estadounidense describió el impulso primario del ser humano que utiliza la violencia como una forma de autoafirmación para construir y reconstruir su identidad a través del sometimiento del otro.

Quizá suene a lugar común, pero el comportamiento violento es atávico. La educación formal e informal, particularmente la que se adquiere en el hogar, van moldeando la personalidad del hombre y enseñándole -o no- a cooperar con los otros en su vida social, para que todos puedan alcanzar sus fines en lugar de atropellarse unos a otros continuamente. Así mismo, la sumisión y subordinación son actitudes comunes entre los "animales no racionales", pero la ley del más fuerte, nos han dicho, ha sido superada por la cultura para dar paso a un Estado de derechos, en el que teóricamente todos tenemos iguales oportunidades para ser felices.

Las relaciones familiares y de pareja que reproducen modelos disfuncionales de interacción, suelen tener a las expresiones violentas como únicos medios para comunicarse. Las mujeres se conforman con su realidad incómoda porque no conocen otra, porque tienen miedo, porque son económicamente dependientes, porque el empoderamiento político es algo tan lejano que sólo pensarlo resulta ridículo. Quien crea que el problema de desigualdad de género es cosa del pasado, no vive en el mundo real.

Cuando hablamos de violencia doméstica sabemos que muchos casos seguirán siendo cifra negra precisamente por el silencio que guardan las mujeres y los niños frente al maltrato, fenómeno que en mayor o menor grado se considera normal dentro de un modelo social cuya configuración gira en torno a la figura masculina patriarcal.

No faltan las voces que dicen que el maltrato de la mujer hacia el hombre es un problema tan grave como el inverso. Pero el 95% de adultos maltratados en el mundo son mujeres. Y una de cada tres mujeres en el planeta ha sufrido en algún momento alguna forma de violencia doméstica*. Cuando hablamos de mujeres, cuando menos en nuestro medio, seguimos hablando de un grupo vulnerable que el colectivo social invisibiliza y culpabiliza, minimizando los efectos adversos del maltrato e ignorando que el agresor es tan delincuente como el que roba o mata. El caso de Maria de la Penha Fernandes es sólo una muestra de lo que sucede en nuestros países como resultado de una tolerancia cultural a comportamientos violentos que no sólo suelen considerarse normales, sino hasta necesarios.

En el delicado tejido de las relaciones humanas, no es fácil y quizá no sea apropiado prescribir qué es lo más conveniente para cada familia, para cada pareja en el seno de sus relaciones más íntimas. Pero debe quedar atrás de una vez por todas el mito persistente de que el problema del maltrato en el núcleo familiar es una cuestión privada. El principal deber del Estado es garantizar la vigencia de los derechos humanos y proteger a los más débiles a través de políticas sociales que prevengan los daños. mas la posibilidad fiable de reparación una vez que el daño se ha perpetrado.

En Ecuador y Latinoamérica, una mujer que no ha sufrido algún tipo de violencia en un momento dado, puede considerarse privilegiada, porque es la excepción a la despiadada regla.

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*Para ampliar sobre los datos relacionados con la violencia doméstica, revisar la tesis doctoral de Paulina Paz Rincón en la Universidad Complutense de Madrid.
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12 enero 2012

Niños multilingües

 
Imagen de houstonisd.org
Sabemos que en el mundo de hoy hablar varios idiomas prácticamente se equipara con tener conocimientos generales como la matemática básica o el manejo diario del computador. Dicen por ahí que los bebés ahora "nacen sabiendo" cómo usar un celular u otros artefactos tecnológicos que en nuestra niñez sólo aparecían en las películas de ciencia ficción.

Pero en realidad, las habilidades se adquieren.  Y al igual que en otros temas, se tejen mitos y miedos alrededor del multilingüismo, sobre todo cuando los padres no están seguros de qué es lo que esperan conseguir exponiendo a sus hijos a varias lenguas nativas.

Está comprobado, por una parte, que el mecanismo mediante el cual el cerebro aprende una lengua materna es distinto al que utiliza posteriormente en la vida para aprender un segundo idioma. De hecho, la habilidad para aprender varios idiomas es natural, no es la excepción; aprender después requerirá más esfuerzo. Un niño puede, pues, tener más de una lengua materna de forma natural. También parece que si un niño habla más de un idioma desde el nacimiento, le será mucho más fácil adquirir posteriormente otros idiomas, pues habrá desarrollado más su atención frente a los sonidos, los significados y las equivalencias.

Demás está señalar las ventajas que tendrá el ser políglota en el futuro: el niño sabrá apreciar y valorar culturas diferentes, sabrá adaptarse a entornos distintos y por supuesto, tendrá mejores oportunidades laborales en un mundo globalizado. Sin embargo, no se trata únicamente de exponer al niño a una lengua de forma pasiva (a través de la televisión o la radio, por ejemplo), sino que se requiere tener en cuenta otros factores:

Primero, de acuerdo con los estudios, un niño debe escuchar un idioma al menos 30% del tiempo que pasa despierto, para poder hablarlo activamente. Los dos métodos más populares para criar niños multilingues son: el OPOL (one person, one language) y el ML@H (minority language at home). En el primer caso, cada una de las personas que cuidan al niño -por lo general padre y madre o la niñera- debe interactuar con él en un solo idioma, de manera que el niño identifique cada idioma con cada persona. En el segundo caso, toda la familia habla una misma lengua en casa (el lenguaje de la minoría) y la lengua del ambiente fuera de ella, de este modo el niño identifica un idioma con un lugar determinado. Al parecer el método más seguro es el segundo, pues da más oportunidades de verdadera interacción en cada lengua y, además, mientras más personas interactúen con el niño en cierto idioma, es mejor para su aprendizaje.

La gente suele preguntarse cuál es el mejor momento para introducir un segundo, tercer o ulterior idioma en la vida del niño. La verdad es que según los estudios modernos, los niños empiezan a adquirir habilidades de comunicación desde que se encuentran en el vientre materno, y desarrollan destrezas lingüísticas mucho antes de decir su primera palabra.

Por otra parte, suele hablarse de las desventajes del multilingüismo, como por ejemplo el retraso en el desarrollo de las habilidades verbales. No existen pruebas concluyentes al respecto, pero los padres suelen detectar un retraso de 3 a 6 meses respecto de los niños que hablan un solo idioma. Es cierto que los niños multilingües pequeños tienden a mezclar palabras de distintos idiomas, pero el fenómeno es pasajero.

Hay que recordar, finalmente, que la habilidad verbal y la de escribir, son diferentes. Aunque un niño hable con fluidez en un idioma distinto al de su entorno (y al de su escuela), habrá que hacer un esfuerzo adicional para enseñarle también a escribirlo. Pero todo indica que los esfuerzos se recompensan con creces si decidimos criar a los niños en un entorno multilingüe.
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27 diciembre 2011

Los bebés y la televisión

 
Imagen: BayCitizen
Cuando se es padre por primera vez se cae en la cuenta de que por todas partes hay información -muchas veces contradictoria- sobre cómo criar a un niño. A los viejos consejos de madres y suegras se suma un torrente de datos hoy fácilmente alcanzables gracias a la tecnología y también una serie de productos que los fabricantes tratan de vendernos como los más adecuados para un desarrollo óptimo de los bebés. Entre estos productos está, por ejemplo, una serie de vídeos conocidos como Baby Einstein, hoy con la marca Disney, que muchos padres creen que son, no sólo buenos, sino incluso necesarios para estimular la inteligencia del pequeño. En la televisión paga, por otra parte, encontramos también canales como BabyTv, que supuestamente contribuyen a un desarrollo temprano del cerebro. Pero la evidencia científica es muy diferente a estas creencias populares. Veamos:

En el libro Brain Rules For Baby de John Medina -obra recomendada por estar basada en evidencia experimental confiable- se nos habla de los mitos en que los padres asumen como verdades, por ejemplo la idea de que escuchar a Mozart durante el embarazo dará como resultado un niño más inteligente, cuando en realidad en el mejor de los casos el bebé recordará los sonidos escuchados cuando estaba en el vientre. Y otro de los grandes mitos está relacionado precisamente con los vídeos que mencionamos y en general con la televisión. Hoy en día un niño pequeño está mucho más expuesto a la llamada caja tonta, que hace una década. Y el hecho es que antes de los 2 años de edad, lo ideal sería que un niño no tenga ninguna exposición a la Tv. Los estudios muestran que efectivamente, hay una relación entre el mayor tiempo que se pasa mirando televisión y el incremento de la conducta violenta en los niños menores de 4 años. Los problemas de atención en los niños que han visto televisión antes de los 3 años se incrementan en un 10% por cada hora de televisión vista. Parece que incluso la exposición indirecta (presencia del niño mientras otro está mirando la tele) es perjudicial. Pero lo más decidor es la investigación de la Universidad de Washington, justamente sobre los vídeos Baby Einstein: no tienen efectos positivos en desarrollo del vocabulario de los bebés de 17 a 24 meses e incluso son perjudiciales, pues por cada hora diaria de exposición a estos vídeos, un niño entendía entre 6 y 8 palabras menos que los niños que no miraban televisión. Por supuesto, sabemos que las relaciones estadísticas son asociativas, no causales, y que seguramente los niños que no ven televisión pasan más tiempo interactuando con sus padres y otras personas, cosa que sí ha demostrado ser crucial para el desarrollo del lenguaje. Demás está mencionar la polémica que se desató con Disney debido a los resultados de la investigación. Como corolario, la compañía terminó removiendo la etiqueta "didáctico" de los productos de la línea.

No todo es negativo, claro está. Después de los 5 años de edad, ciertos programas de contenido bien pensado pueden ser, de hecho, beneficiosos. La recomendación de la Academia Americana de Pediatría es por lo menos limitar la exposición a la televisión antes de los 2 años y hablarle mucho al bebé, pronunciando bien las palabras y usando la mayor cantidad posible de vocabulario. La exposición temprana a varios idiomas es también provechosa, pues se ha demostrado que el proceso para aprender una lengua materna es distinto al que sigue el cerebro cuando aprende un segundo idioma, más tarde en la vida. En suma, los niños aprenden cuando observan a personas reales, de carne y hueso, antes que imágenes en pantalla, por llamativas que parezcan.
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19 diciembre 2011

Una mirada al proyecto de código penal integral

 
Hace ya varios meses, el Ministerio de Justicia presentó un proyecto de "Código de Garantías Penales" que fue prologado por el maestro argentino Eugenio Zaffaroni y que guardaba una aceptable coherencia con los principios del garantismo constitucional que los ecuatorianos -me incluyo- escogimos, en las urnas, como nuevas directrices políticas y sociales para nuestra vida. De ese discurso inicial, de tono sincero y revolucionario, de ampliación de derechos y vigencia de garantías, parece que poco ha quedado. El nuevo proyecto de Código Penal Integral  es un compendio desordenado y contradictorio de artículos que parecen obedecer a ese caduco discurso de "la ley y el orden" de la era Reagan, en que salía sobrando toda discusión académica o reflexión dogmática en torno al derecho penal, pues lo único importante era la seguridad ciudadana a costa de toda garantía.

Los medios de comunicación divulgan insistentemente impactantes imágenes de la inseguridad  reinante en el país, sumiendo al ciudadano común en un temor constante que le hace ver en el otro -el delincuente- a un enemigo no digno de protección, marginado de todo derecho y merecedor de todo castigo, sin consideración alguna. Quizá en el afán de desacreditar al gobierno de turno, los medios nos van convenciendo de que vivimos una situación incontrolable y que no ha tenido respuesta política. Y entonces viene la respuesta política: se han ido incorporando al discurso oficial declaraciones contradictorias con el espíritu de la Constitución y se han reflejado en una nueva forma de legislar, autorizada y legitimada por una ciudadanía que se siente acorralada por la realidad y que cree ciegamente en las soluciones propuestas, sin reflexionar sobre las consecuencias a mediano y largo plazo.

Con una redacción muy errática, puntuación pobre e innumerables negaciones de los principios más elementales del Derecho Penal, el proyecto crea nuevos tipos como el "secuestro express", la "mala práctica médica", la "violencia intrafamiliar", el "sicariato" el "enriquecimiento privado injustificado" y la "asonada". Se vale de términos ambiguos que se prestan para múltiples interpretaciones en una rama del derecho que por principio no puede dar cabida a la interpretación extensiva de la ley. Persisten los tipos penales que protegen de manera privilegiada a la autoridad (como la injuria o la falta de respeto), pese a que la tendencia internacional de la doctrina de los derechos humanos es eliminar tales figuras delictivas. Los menores serán imputables bajo las mismas condiciones que los adultos, desde los 16 años, y los niños, a partir de los 10, podrán ser sujetos de medidas correctivas. Se reconoce la responsabilidad penal de las personas jurídicas, a menos, claro, que sean de derecho público. Se endurecen las penas -pese a que la experiencia enseña que esto nunca ha disminuido la incidencia del delito- y se deja abiertos los textos, de tal manera que en muchos de ellos resulta imposible determinar cuál es el bien jurídico protegido o incluso cuál es la conducta típica. En palabras de la asambleísta María Paula Romo, bastará con buscar a quién quiero enviar a la cárcel, porque siempre podré encontrar un tipo penal que le calce.

Por ejemplo, en el famoso enriquecimiento privado injustificado que se legitimó por vía de consulta popular, si una persona común incrementa su patrimonio y no logra justificarlo con documentos del SRI y además probar que no proviene de una actividad ilícita, puede ir hasta 15 años a la cárcel (la misma pena que para la violación) en cualquier momento de su vida, pues el delito es imprescriptible (como el genocidio). Para aproximarme a describir la impresión que me produjo la figura, bastará con mencionar que en mi tesis de maestría propuse la eliminación del tipo de enriquecimiento ilícito de funcionario público por atentar contra los principios penales, no digamos en tratándose de un ciudadano particular.

La pornografía infantil, que ciertamente no estaba tipificada en el pasado, aparece ahora en un artículo que la equipara con la exhibición de parte o totalidad del cuerpo desnudo de mujeres mayores de 65 años y de personas discapacitadas. Además entre los verbos rectores encontramos el de "presenciar" dichas exhibiciones, lo que no merece más comentarios que la evidente amplitud e imprecisión de la palabra. En cuanto a la violencia doméstica, la pena más leve se aplica a partir de que la lesión deje incapacidad para el trabajo por ocho días (es decir, tendrá que ser una lesión gravísima) y sólo entonces se puede poner en movimiento a un agente fiscal que tardará un tiempo muy prolongado en investigar para terminar imponiendo a lo mejor una pena de dos semanas, cuando, pese a sus defectos, es preferible el sistema actual, en que es posible obtener inmediatamente una boleta de auxilio con el objeto de proteger a la mujer y la familia de un agresor que se encuentra en el propio núcleo familiar. Esto no representa ningún avance en materia de género.

Podría alargarme sobre tantos otros tipos penales escritos sin técnica jurídica y violentando la Consitutción, pero concluiré mencionando la cuestión relativa a la mala práctica médica. Por causar "daños a la salud" -la expresión es así de ambigua- un médico podría verse obligado a dejar de ejercer la profesión de por vida y pagar millonarias indemnizaciones, con lo que, como ha sucedido ya en otros países, para practicar la medicina habrá que adquirir seguro y se encarecerá el servicio para los ciudadanos. Será mejor en muchos casos, para un médico, simplemente negarse a brindar atención cuando la situación es delicada. Era más que suficiente la tipificación, que ya teníamos, de las lesiones culposas, para cubrir cualquier caso de mala práctica médica, por lo que el tipo es además, innecesario.

Como ciudadanos no podemos ser indiferentes ante lo que está sucediendo con nuestros derechos. No debemos pensar que las leyes se hacen sólo para los delincuentes y que a ellos se les puede tratar al margen de la dignidad. Más tarde o más temprano cualquiera de nosotros puede ser acusado de un delito -justa o injustamente- y querremos que se respeten todos nuestros derechos y garantías constitucionales. Los avances que ha conseguido la humanidad en materia de derechos humanos no pueden destruirse tan fácilmente, a cambio de una supuesta seguridad que, sabemos perfectamente, no se crea con leyes sino con cambios sociales profundos.

Nota: estas reflexiones se han hecho a propósito de un conversatorio realizado en la Universidad del Azuay con la participación de estudiantes de Derecho, la Asambleísta Ma. Paula Romo y el ex presidente del Congreso Dr. José Cordero Acosta.
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14 septiembre 2011

Las víctimas olvidadas

 
Nadie podría negar que en Ecuador se vive un problema serio de inseguridad, creciente al ritmo de la población urbana y de las cuestiones sociales que se derivan de la desigualdad económica. Sin embargo, en la percepción que el ciudadano promedio tiene sobre los índices delincuenciales, juega un papel crucial la postura de los medios de comunicación que, como es sabido, tienen el poder de agrandar o minimizar el impacto que la información puede causar en el público.

Así, temas como el sicariato, los asaltos callejeros y a bancos, y las muertes violentas, tienen una cobertura importante en las secciones de crónica roja de noticieros y periódicos, con programas y medios impresos que de hecho se dedican exclusivamente a difundir este tipo de noticias. Como tampoco se puede negar que cada medio de comunicación representa y auspicia ciertos intereses, cabe que interpretemos la preferencia por difundir unas u otras noticias, como un mecanismo para probar puntos de vista ante la opinión pública: si cada día hay muertes y robos en el diario, el ciudadano concluirá que vive amenazado, sin necesidad de conocer estadísticas precisas ubicadas en algún contexto. Esta posibilidad de que un hecho aparezca en el imaginario colectivo, determina también que un individuo pueda identificarse con un grupo social referencial -los atacados, los agredidos, la clase media que trabaja-, víctima de los malos manejos del aparato administrador de justicia, de la policía, del gobierno y claro, de los llamados antisociales, que son "los otros".

La noción de víctima se construye, pues, socialmente, así como la de "criminal". No sólo es cuestión de haber sido sujeto pasivo de un delito; para empezar, la tipificación misma de los delitos viene dada por constructos culturales, sino que debe existir identificación con unos sentimientos de vulnerabilidad y humillación que no son exclusivos de tal o cual individuo, sino comunes a quienes han pasado por las mismas vivencias. Pero por otra parte, hay hechos delictivos que los medios básicamente pasan por alto: las víctimas de la violencia doméstica, por ejemplo, que en su mayoría son las mujeres y los niños, no tienen espacio en los medios ni son blanco de grandes campañas antidelincuenciales, seguramente por su poco peso político, pero también porque, debemos aceptarlo, al agresor no se lo etiqueta, en nuestro imaginario, como delincuente; no se lo pone al nivel del ladrón o el homicida ni se lo tiene por enemigo común.

En consecuencia, las víctimas de la violencia intrafamiliar son víctimas olvidadas y a la vez, víctimas silenciosas. Se trata de un grupo que no encuentra rasgos en común para identificarse y adquirir fuerza social y presencia mediática. No halla elementos simbólicos para reivindicarse y darle algún sentido a los daños sufridos, como sucede muchas veces, por ejemplo, con los perseguidos políticos o las víctimas del Estado. Si un colectivo no tiene identidad y no visibiliza su problema, no tendrá conciencia de su vulnerabilidad social y desprotección, no exigirá nada y finalmente, siendo más vulnerable, será presa fácil de su verdugo y lo será en varias ocasiones.

Los movimientos feministas y las organizaciones de asistencia a víctimas de violencia familiar, precisamente quieren ayudar a las personas a entender, aceptar y solucionar su problema. Pero más allá de ello, es una obligación del Estado atender a la población a través de políticas preventivas, que a la larga se traducen en garantizar los derechos sociales y la educación, para que mujeres y niños sepan identificar la anormalidad y lo injusto de determinadas situaciones, para que visualicen la posibilidad de una vida sin violencia y sin sometimiento, para que hagan valer sus derechos. Las estadísticas mundiales señalan que la pobreza y el analfabetismo se concentran sobre todo en las mujeres. Eso nos dice mucho.

El derecho no es unidimensional ni puede desentenderse de los escenarios sociales sobre los que opera. Es lo que nos hace falta comprender para evitar caer en la continua derogación y reforma de leyes que no terminan de ser eficaces para resolver los problemas de las personas. Así como se ha probado que el endurecimiento de sanciones y la vigencia de la pena de muerte no reducen los índices delincuenciales, se puede probar que las leyes y los reglamentos no son por sí una herramienta para la lucha contra la injusticia. Primero hay mucho trecho por recorrer en el campo de las garantías constitucionales concretadas en acción, no sólo en legislación. Estudios científicos deben respaldar toda decisión normativa, a la vez que el Estado debe propiciar la adquisición de identidad y presencia social de los grupos más ignorados, permitiéndoles enarbolar su bandera y romper las cadenas culturales que los limitan, pues de lo contrario el círculo del eterno retorno, no se interrumpirá jamás. 
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11 agosto 2011

Mientras se espera un hijo

 

A diario analizo esta singular experiencia  de estar esperando un niño; una vivencia que tristemente no siempre es lo que debería para todas las futuras madres. Mi profesión me ha permitido conocer casos de mujeres de condiciones diferentes y con problemas de toda índole, muchos embarazos no buscados que se cargan a cuestas como cruces, que se llevan a término con pesar y sufrimiento y desembocan en nacimientos que no se celebran y vidas sin regocijo. Luego los infantes deben sobrevivir con pensiones de poco más de veinte dólares, pagadas por padres que en los mejores casos ganan el mínimo salario y mantienen familias de hasta más de cinco hijos: tienen nociones precarias o nulas acerca de la planificación familiar. Las demandas de alimentos son muy numerosas en los juzgados del país y en la mayoría de los casos los jueces tienen que ajustarse a los valores mínimos establecidos en la tabla de pensiones vigente, que son a todas luces insuficientes frente a las reales necesidades de un bebé en desarrollo, como también es insuficiente el sueldo básico de un trabajador.

En la sociedad, como en todo sistema, una cosa lleva a la otra: un niño que se nutre deficientemente tendrá dificultades para aprender, estas se traducirán en incapacidad para adaptarse al entorno de forma normal, en carencia de las competencias necesarias para trabajar y procurarse un sustento básico para la supervivencia. Las necesidades insatisfechas, es sabido, se traducen frecuentemente en violencia, en resentimiento hacia un sistema que no se comprende y que no provee lo necesario para la tranquilidad. La violencia la vivimos todos en todos los ámbitos, sea como víctimas o como victimarios, la experimentamos en la política, en el trabajo, en las calles, en los centros educativos y, naturalmente, en el hogar. Así, la violencia intrafamiliar, es un problema serio en nuestro país, y las iniciativas por mitigarlo nunca han sido efectivas ni pertinentes. Las mujeres y los niños que sufren marginación social, precaria atención de salud e inadecuada educación, son por lo mismo más vulnerables ante todas las formas de violencia. Y el ciclo se repetirá.

Para las mujeres de clase media la situación quizá no sea tan extrema, pero hay otros matices sociales e idiosincráticos que se ponen en evidencia. Así, por ejemplo, el feminismo ha reivindicado históricamente la capacidad profesional y laboral de la mujer, que no debe sufrir discriminación de ningún tipo respecto al varón. Mi marido me ha comentado que una de las medidas adoptadas en Noruega para combatir la discriminación, fue aumentar el permiso por paternidad hasta prácticamente igualar el de maternidad -que es de casi un año-. Pero aquí sigue siendo una práctica común, por ejemplo, que los empleadores exijan un certificado de no estar embarazada para contratar a una mujer, y no cumplan con la equidad salarial. Cierto es que la madre de hoy puede ser profesional y trabajadora, pero esto no se traduce en una asunción por parte del padre, de las responsabilidades de cuidado de los niños que tradicionalmente corresponden a la madre. En otras palabras, la mujer de hoy tiene el doble reto de competir con los varones en el ámbito laboral y al mismo tiempo sacar adelante a su hogar y a sus hijos.

Por supuesto, hay un lado emocional del embarazo muy gratificante cuando éste ha ocurrido planificadamente y se goza de la atención profesional debida. En lo personal, la gestación ha sido una oportunidad para reconciliarme con mi propio cuerpo -aunque para muchas mujeres ocurre lo contrario-, para admirar las perfecciones e imperfecciones de la evolución de nuestra especie, reflexionar sobre el instinto de reproducción y cómo la civilización ha ido construyendo superestructuras culturales sobre ese hecho, y claro, ha sido un tiempo de compartir alegrías y temores con la familia y el compañero de vida, siempre con la ilusión de poder crear un remanso propio, un entorno seguro para uno mismo y los más cercanos, que llene de significado y atraviese todos los espacios vitales -eso que la Declaración de Independencia de los Estados Unidos llamó la "búsqueda de la felicidad"-. Son esperanzas que el Estado nos garantiza como derechos, que la humanidad toda ha declarado fundamentales en los tratados sobre derechos humanos y cuyos caminos todavía se están construyendo para la mayor parte de los habitantes del planeta.

Ver la lucha diaria de los niños que están a merced de los vaivenes del sistema, hace que uno mantenga los pies en la tierra. Que no se olvide de sus innumerables fortunas, de las condiciones privilegiadas de las que se reniega a diario por la presión de una campaña mediática constante que hace creer que la capacidad adquisitiva es la esencia del bienestar. Conversar con madres resignadas que asumen su rol de la mejor manera en las peores circunstancias, hace que uno piense en cómo va a educar a sus hijos, en la necesidad de enseñarles a no ser indiferentes ante el sufrimiento ajeno, a sensibilizarse y a comprender las equivocaciones de los otros, sus conductas erráticas e incluso sus agresiones, que también las provocamos nosotros como piezas pasivas de un sistema que poco tiene en cuenta la dignidad. Esa dignidad que debemos reconstruir todos los días a través de nuestro trabajo, de nuestras reivindicaciones y de las luchas cotidianas, tangibles y simbólicas, que le dan sentido al hecho de estar vivo.
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26 julio 2011

Noruega: terrorismo y ultraderecha

 
Foto: EFE


Se dice que en Europa la dicotomía ya no se da entre izquierda y derecha sino entre nacionalistas y partidarios de la globalización. Están quienes promueven el multiculturalismo y quienes se sienten menoscabados en sus derechos por la presencia de los ajenos, los extraños que tienen otro color de piel y otras costumbres. El discurso xenófobo ha tomado fuerza recientemente en medio de la crisis económica que viven varios países del viejo continente.

Noruega se considera el país más democrático del mundo y el más pacífico. Nadie estaba preparado para lo ocurrido el pasado 22 de julio, cuando, primero, una explosión devastó las oficinas del gobierno en el centro de Oslo, incluyendo la del Primer Ministro, y poco depués se inició una horrenda masacre en un campamento juvenil desarrollado por el partido laborista, de corte socialdemócrata. A quienes estamos acostumbrados a vivir en medios más violentos, nos sorprende lo indefensos que se encontraban estos jóvenes -considerados de "cultura marxista" por el atacante-, teniendo, quien hoy se señala como responsable, tiempo y oportunidad para recorrerla disparando por todas partes.

Anders Breivik, autor confeso de los crímenes, asegura que estos eran crueles pero necesarios. Su abogado habla ya de enfermedad mental y su padre indica que habría preferido que su hijo tomara su propia vida en lugar de la de tanta gente. El verdadero estado de salud mental de este hombre sólo podrá ser determinado dentro del proceso a través de las pericias, pero sus ideas no salieron de la nada: Breivik fue durante muchos años un prolífico participante de blogs y foros cristianos y de extrema derecha, anti islamistas y anti marxistas. Hace poco se hizo público un manifiesto de su autoría escrito en inglés, con más de 1500 páginas, en el que ampliamente se explican sus fundamentos ideológicos, con consideraciones que no son raras sino más bien la nota común en los foros y blogs que el sujeto frecuentaba y haciéndose eco de ideológos y políticos conocidos en Noruega.

Foto: Getty Images, Jeff J Mitchell
Cierto es que el extremismo y la violencia no son patrimonio exclusivo de ninguna ideología, así como el fundamentalismo puede aparecer en cualquier religión. Si después del 11 de septiembre estadounidense el terrorismo se convirtió prácticamente en un sinónimo de guerra santa islámica, lo ocurrido en Utoya nos muestra lo que aparentemente es una reacción a la penetración del Islam en occidente. Cuando inicialmente un grupo yihadista se atribuyó los hechos trágicos en el doble atentado de Oslo, a nadie le sorprendió tanto como cuando se dio a conocer la verdad: era uno de los suyos, un hombre blanco, nórdico, y cristiano aunque los religiosos digan que no se trata de un "verdadero" cristiano.

El odio también se combate con educación. El pueblo noruego es democrático y pacífico porque es un pueblo culto, con un sistema de educación pública bien organizado. Y por eso es posible escuchar discursos como el de Jens Stoltenberg, que ofrece más democracia y más humanidad a cambio de la violencia. No persecuciones a los de piel más oscura o reformas anti garantistas en las leyes. Por eso también es posible que el investigado llegue a ir a una de las cárceles más progresistas del mundo -aunque a muchos les parezca que no lo merece-. Es por eso que hemos sido testigos de una reacción serena, ordenada y cuerda, aunque llena de emoción, por parte de los ciudadanos del país nórdico. Podemos seguir viendo al pueblo noruego como un modelo de convivencia, valores comunitarios y políticas sociales efectivas que no sólo han desembocado en un gran nivel de vida para los suyos, sino en una reivindicación de los aspectos nobles de la condición humana.
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04 julio 2011

Citas: Antón Chéjov

 
(Anton Chekhov) 1860 - 1904. Médico, escritor y dramaturgo ruso. [Ver Biografía]

"La brevedad es la hermana del talento."

"No hay nada más espantoso, insultante y deprimente que la banalidad."

"Los hombres inteligentes quieren aprender; los demás, enseñar."

"Creer en Dios no es difícil. Los inquisidores Biron y Arakcheev creían en Él. No, ¡cree en el hombre!"

"Me parece que toda la maldad en la vida proviene de la desocupación, el aburrimiento y la vacuidad psíquica, pero todo eso es inevitable cuando te acostumbras a vivir a costa de otros."

"Al que no sabe cómo ser sirviente nunca debería permitírsele ser amo; el interés de la vida pública es ajeno a cualquiera que es incapaz de disfrutar el éxito de otros, y a una persona así nunca deberían confiársele asuntos públicos."

"Uno puede probar o refutar cualquier cosa con palabras. Pronto la gente perfeccionará la tecnología del lenguaje a tal punto que estarán probando con precisión matemática que dos por dos son siete."

"Cualquiera que sea el tema de la conversación, un viejo soldado hablará siempre de guerra."

"Los infelices son egocéntricos, viles, injustos, crueles e incluso menos capaces de entender a los otros que los idiotas. La infelicidad no une a la gente, la separa."

"Cada uno de nosotros está lleno de demasidas ruedas, tornillos y válvulas como para permitirnos juzgar a otro en una primera impresión, por dos o tres signos externos."

"Al poetizar el amor, nos imaginamos en aquellos que amamos, virtudes que frecuentemente no poseen; esto se convierte en la fuente de errores constantes y aflicción constante".

"Si realmente piensas en ello, todo es maravilloso en este mundo, todo excepto nuestros pensamientos y acciones cuando olvidamos las más altas metas de la vida, nuestra dignidad humana."

"Cuando una persona nace, se puede embarcar sólo en uno de los tres caminos de la vida: si vas a la derecha, te comerán los lobos; si vas a la izquierda, tú te comerás a los lobos; y si vas derecho, te comerás a ti mismo."

"El amor, la amistad, el respeto, no unen a la gente tanto como el odio común por alguna cosa."

"Cuando uno anhela una bebida, parece que uno pudiera beber todo un océano, eso es fe; pero cuando uno empieza a beber, sólo puede tomar en total dos vasos, eso es ciencia."

"No entiendo por qué no se puede perseguir a dos conejos al mismo tiempo, incluso en el sentido literal de esas palabras. Si tienes dos sabuesos, sigue adelante y persigue."

"Quisiera ser un artista libre y nada más, y lamento que Dios no me haya dado la fuerza para serlo."

"Ni yo ni nadie sabe qué es un parámetro. Todos reconocemos un acto deshonroso, pero no tenemos idea de qué es el honor."
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06 mayo 2011

La opinión de la gallina: ética, tolerancia y emociones

 
La moral es la práctica de la ética, la ética es el estudio filosófico de los valores: estos definen qué conductas humanas deben considerarse preferibles por encima de otras, en atención a factores diversos. La moral suele permanecer en el fuero interno del individuo y orientarlo a actuar, pero sin vincularse a una sanción coercitiva externa. Otras veces los valores adquieren tal importancia que se hace necesario regularlos a través de principios que rijan para todos. Entonces aparecen las leyes. Así, nuestro derecho contiene disposiciones relacionadas con la vida, la libertad, la integridad, la propiedad, las relaciones de familia, la sanidad del ambiente, la salud, vivienda, educación, y tantas otras instituciones que se consideran fundamentales para el bienestar individual y comunitario.

No todo lo que hoy protege el derecho se consideró valioso siempre: la protección del medio ambiente es un claro ejemplo. Y también a la inversa, ciertas instituciones que antes se protegían hoy se han modificado, como la indisolubilidad del matrimonio o la tipicidad delictuosa del adulterio. La ciencias naturales y sociales cambian sus perspectivas, las economías se transforman, las personas piensan diferente y poco a poco el Derecho les va siguiendo el paso. Descartes consideraba a los animales como meros autómatas incapaces de sentir dolor, cuya respuesta nerviosa era simplemente mecánica. Hoy tales afirmaciones carecen de sustento científico. La ética creada por los humanos, que se estrecha en unos aspectos y se ensancha en otros, ha dado cabida en los estudios de algunos filósofos morales contemporáneos, a la consideración de que los animales no humanos deben ser tomados en cuenta cuando se trata de limitar nuestro comportamiento. Incluso los ordenamientos jurídicos, ya han comenzado a tomar acciones para asegurar el bienestar animal.

El controversial ateo Sam Harris -en su obra The Moral Landscape principalmente- y otros pensadores, entre ellos Dan Ariely (este vídeo en TED Talks es muy interesante), sostienen que el avance científico puede y debe ser el sustento sólido de las teorías morales. ¿Por qué? Porque únicamente la experimentación científica puede mostrarnos cuáles son las verdaderas conscuencias de lo que hacemos: ¿estamos provocando dolor?, ¿podemos provocar menos dolor de otra manera?, ¿cuál es el beneficio o el daño que lo que estoy haciendo puede desencadenar? Estas preguntas pueden responderse científicamente y no sólo sobre la base de la subjetiva opinión de un individuo.

Hago estas reflexiones, porque ciertamente las propuestas de estilo de vida que se alejan de lo común, suelen escandalizar a muchos, por inofensivas que parezcan. Yo no creía, por ejemplo, que el vegetarianismo podía ser considerado reprobable y digno de censura por parte de otra persona. Al fin y al cabo se trata de una decisión personal que he tomado yo con tolerancia hacia los demás y que no he tratado de forzar ni en mis allegados más cercanos (mi marido, por ejemplo, es consumidor de carne). Se trata de una decisión ética basada en evidencia científica -los animales no humanos dotados de sistema nervioso central son capaces de sentir dolor- y en la consideración de que si es posible sobrevivir sin consumirlos -los hindúes ortodoxos lo han hecho por años y también hay evidencia científica que lo demuestra- entonces es posible escoger un estilo de vida menos dañino para ellos y de paso el ambiente.

No veo en el hecho de difundir las buenas motivaciones que sustentan al vegetarianismo, ni tampoco en el hecho de conversar sobre alternativas alimenticias o bienestar animal, ninguna amenaza (bueno, quizá sí para la industria cárnica). Y sin embargo he sido agresivamente cuestionada en más de una ocasión, por hacerlo. En tal virtud me gustaría aclarar algunas cosas: en primer lugar, no es mi intención obligar a las personas a dejar de comer carne, pero sí siento una obligación moral en el sentido, por ejemplo, de informar sobre los crueles procedimientos de la agroindustria, para que estos cambien. Comprar sus productos nos hace cómplices y perpetuadores de sus prácticas; ocultar a los niños la verdad mostrándoles falseados libros de cuentos con gallinas felices, también. En principio, podría decir que volvería a comer carne si los criaderos, las granjas, los camales, no provocaran tanto sufrimiento innecesario a individuos que no por no pertenecer a la especie humana sienten menos dolor. Pero la verdad es que a esta altura ya no podría nunca volver a consumir carne. He llegado a ver en los animales a unos compañeros de vida, cohabitantes del planeta, que también desarrollan en diversos grados sus personalidades y que tienen intereses. Sin embargo, esta idea personal entiendo bien que no puede pretenderse política social.

Por otra parte, la existencia de depredación en la naturaleza -el león caza a su presa, el pez grande se come al pequeño- no me parece un argumento adecuado para justificar éticamente los mecanismos deliberadamente crueles de las granjas industriales modernas o de la industria de las pieles. La mayoría de las personas compra la carne en el supermercado, no la consigue cazando, y aún si así lo hace, no podemos comparar la caza efectuada con armas y ventaja, con la que se da en el mundo silvestre. Pero lo más importante de todo: la ética, al igual que las leyes, no es un producto natural; éstas son construcciones culturales, posiblemente las más artificiales de todas, puesto que frecuentemente buscan reprimir los instintos que por ser también animales, tenemos. Si justificamos o avalamos todo lo que se da en la naturaleza, debemos también aceptar el asesinato, las guerras, los abusos, las esclavitudes... la "ley" del más fuerte y el ojo por ojo.

Finalmente, no pensé que alguien llegaría a creer que por ser vegetariana y animalista, me opongo por ejemplo a que se erradiquen las plagas o se mate a los parásitos. Es evidente que no todos los seres vivos tienen la misma capacidad de sufrir -los biólogos piensan que la mayoría de insectos, por ejemplo, no la tienen-; pero también hay que entender que todo admite situaciones de excepción: el homicidio por ejemplo está justificado cuando se produce en legítima defensa o estado de necesidad, y de la misma manera se pueden ponderar los intereses para saber hasta qué punto es excusable provocarle dolor a un animal. Si soy atacado por un oso, por supuesto que debo defenderme. Pero los pollos, los cerdos y las vacas que viven en esas prisiones llamadas granjas modernas, no tienen posibilidad de defensa, están a merced de los humanos. Y en esa situación por lo menos es justo tomar en cuenta que sufren.

¿Que si mis decisiones tienen algo de emocional? Por supuesto, los mamíferos tenemos emociones. Y la búsqueda de tranquilidad de conciencia no deslegitima el argumento ético, como no revierte los hechos que se comprueban. Que alguien se sienta culpable porque en el fondo sabe que es cómplice de un círculo de tortura pero que no quiera -o no pueda según dicen- cambiar su estilo de vida, tampoco debe ser un punto de partida para restar valor a la actitud de quien sí lo ha hecho. En última instancia, cada quien es libre de vivir como prefiera, pero no puedo celebrar que alguien se vanaglorie de su crueldad o haga burla de lo que no comprende. Quien es activista por una causa legítima y transparente, cuando menos merece respeto.

Transcribo ahora una traducción que hice de un fragmento encontrado en la web Your Daily Vegan, a propósito de algunos hechos científicos relacionados con las gallinas:

"Soy una gallina de batería. Vivo en una jaula tan pequeña que no puedo estirar mis alas. Me veo forzada a estar de pie noche y día en un piso de malla inclinado que dolorosamente me corta los pies. La pared de la jaula desgarra mis plumas formando ampollas de sangre que nunca se curan. El aire está tan lleno de amoníaco que me duelen los pulmones y me arden los ojos y creo que me estoy quedando ciega. Tan pronto como nací me mutilaron el pico con un hierro candente, y mis hermanos fueron tirados en fundas de basura estando vivos.

Mi mente está alerta, mi cuerpo es sensible y debí haber tenido muchas plumas. En la naturaleza o incluso en un patio, me hubiera dado baños de tierra con mis compañeros de grupo, una necesidad tan fuerte que realizo baños de tierra "al vacío" en el suelo alambrado de mi jaula. Libre, habría recorrido mis campos ancestrales con mis compañeros, devorando plantas, lombrices e insectos desde el amanecer hasta el atardecer. Hubiera ejercitado mi cuerpo y hubiera dado y recibido placer como un ser íntegro. Sólo tengo un año pero ya soy una gallina "desgastada". Humanos, desearía estar muerta y pronto lo estaré. Busquen pedazos de mi carne herida en cualquier lugar en el que se vendan pasteles de pollo o sopa de pollo".  – Karen Davis
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29 abril 2011

Consulta 2011: reflexiones antes del voto

 
En una semana votaremos y sentiremos por fin alivio cuando cese la propaganda electoral. Para quien ha vivido en Ecuador por un tiempo, la historia es un eterno retorno: no hay balance posible, todo es blanco o negro; la esperanza de alcanzar el paraíso o el riesgo de hundirnos irreversiblemente en los infiernos. Oposición y gobierno aconsejan a través de su publicidad, votar por un SI o por un NO, sin considerar que hay más de una pregunta en entredicho, y frontalmente identifican una y otra respuesta con la simpatía o el rechazo hacia el Presidente.

Otras aristas han aparecido: por ejemplo el caso de una ciudadana que ofendió con una seña al Presidente, hecho que desató una reacción considerable en las redes sociales y desde allí trascendió a los medios, aunque al menos en mi experiencia, no tuvo eco en los contextos cotidianos del ciudadano común. Se ha discutido sobre el anacronismo de las normas que regulan el desacato (hasta qué punto, nos queda la duda) y se ha llegado incluso a una encomiable iniciativa que busca trascender más allá de la gesticulación colectiva y la respuesta visceral -aunque confieso que el nombre me sugiere banalización de la Ciencia Jurídica-. Estos fenómenos revelan necesidades de los ciudadanos, formas de responder de grupos distintos, pero también carencia y/o desconocimiento de verdaderos medios democráticos para la participación ciudadana. El individuo asume roles que su preparación técnica no tiene por qué cubrir, porque el legislador que fue elegido para el efecto, no lo hace. Podemos recordar que el Código Civil por ejemplo, está plagado de normas obsoletas que ya no se aplican y que sin embargo están vigentes (no hay campañas ciudadanas al respecto pero es deber del asambleísta depurar las normas), y cabe también, de paso, considerar que otras normas que protegen el honor y el buen nombre, como las penales sobre el  delito de injuria, protegen bienes jurídicos reconocidos universalmente.

Me he preguntado si tendría sentido preguntar en referéndum cuál es el mejor método para ejecutar una cirugía de corazón abierto, y legitimar luego el resultado en nombre de la democracia. No hemos superado el paradigma electoralista en que se vota pero no se elige, porque mal puede escogerse entre opciones cuyo alcance no se comprende, o peor aún, entre opciones que desde un punto de vísta técnico jurídico no deberían estar en juego. Los límites del voto popular son justamente los derechos humanos, ni siquiera el pronunciamiento de una mayoría absoluta podría tergiversar lo que ya se ha resuelto a nivel doctrinario e internacional. Las vejaciones legales que se cometen contra las mujeres en los países musulmanes, por ejemplo, no son justas ni válidas por el hecho de estar autorizadas en la ley o porque los habitantes del país las acepten.

Pero no vamos a caer en el mismo maniqueísmo que criticamos. Algo bueno puede haber en medio de tantos intentos por justificar los medios a través del fin. Veamos:

1. La caducidad de la prisión preventiva: los tratados internacionales al respecto hablan de plazo razonable, y existe doctrina que se pronuncia en contra de la existencia de medidas preventivas que priven de la libertad. ¿Por qué? Porque el reo mientras no sea sentenciado es inocente, y por tanto tenemos a un inocente en prisión. Si seis meses horrorizan, no digamos años. La ineficacia del aparato judicial o las manipulaciones de los abogados particulares no pueden perseguirse en desmedro de los derechos humanos: deben sencillamente perseguirse.
2. Medidas sustitutivas a la prisión preventiva: además de que el planteamiento de la pregunta y los anexos es totalmente antitécnico, pues confunde medidas preventivas con sanciones, ignora nuevamente el principio de inocencia. Quien está siendo investigado es inocente y por tanto no podemos adelantar criterio y aseverar que su delito fue grave o no. Las medidas alternativas, en manos de buenos jueces, garantizan el respeto de los derechos humanos.
3. Instituciones del sistema financiero y medios de comunicación. La idea es proteger el derecho a una información veraz e imparcial, que no se origine en la necesidad de auspiciar un interés individual. Del otro lado está la libertad de empresa, así que cabe decidir cuál es el bien jurídico que debe ponderarse. En ese sentido está justificada la pregunta.
4. Sustituir temporalmente el pleno del Consejo de la Judicatura por una comisión que integrará el ejecutivo. La independencia de poderes es un principio constitucional que se pone en juego aquí. La pregunta propone un "atajo" para depurar la justicia, pero el atajo no garantiza de ninguna manera la eficacia de los resultados, tanto más cuanto no respeta la institucionalidad existente.
5. Cambiar la composición del Consejo de la Judicatura. La nueva configuración incluiría a un delegado del ejecutivo que deberá estar autorizado por el Consejo de Participación Ciudadana; no es inconstitucional en sí teniendo en cuenta su función fiscalizadora, pero a decir de muchos esconde intenciones que en realidad son políticas.
6. Tipificar el enriquecimiento injustificado privado como delito. En este punto podría extenderme pues estoy escribiendo una tesis cuya premisa es la inconstitucionalidad del enriquecimiento ilícito de funcionario, por lo que mi postura es lógica: será un delito residual que no describe ninguna conducta sino un resultado, obliga al reo a justificar su inocencia, invierte la carga de la prueba y rompe varios principios del debido proceso como el de culpabilidad y el de legalidad.
7. Prohibición de los juegos de azar. Aquí sí se puede alegar la autonomía de la voluntad como argumento para oponerse. El derecho no puede regular lo que no trasciende a la esfera social y por otra parte, ya el código civil considera que hay objeto ilícito en las deudas adquiridas en estos juegos. Eso ya protege la relación patrimonial entre las partes. Una patología como la ludopatía no puede ser argumento para limitar una actividad que no entraña inmoralidad ni rompimiento del orden público.
8. Espectáculos públicos donde se mate animales. En mi ciudad una ordenanza municipal no sólo prohíbe la matanza sino también la tortura de los animales, que en realidad es el meollo del asunto. Activistas por el bienestar animal concuerdan en que la prohibición de la muerte no excluye las torturas, con lo que la pregunta es un poco inútil, pero también se ha visto una posibilidad de restringir estos espectáculos y un "peor es nada" a manera de consuelo ante una legislación que aún no incorpora la ética en el trato hacia los animales no humanos.
9. Ley de Comunicación. Ya debía haberse creado por mandato constitucional. No se ha creado en razón de tropiezos políticos. Lo polémico radica en la creación de un consejo que regule a los medios aunque, según se dice, sin facultad sancionadora, pero podrá determinar responsabilidades. Lo que no se pudo resolver por vía legislativa ahora se le pregunta al pueblo.
10. Tipificar como delito la no afiliación al IESS. ¿Con el objeto de amedrentar? En este caso considero que la sanción económica es más efectiva, porque al trabajador no le beneficia mayormente el encarcelamiento de su patrón, aunque se dice que por vulnerarse derechos fundamentales del trabajador, la conducta entraña peligro social. La ley del Seguro Social ya prevé la posibilidad de prisión para el patrón que no paga sus aportes al trabajador.

Mi amigo Andrés suele decir que es inútil negar el populismo en nuestra idiosincrasia, que es inherente a la política latinoamericana y que no es, en sí, negativo. Y comparto su criterio, nuestra política no puede despojarse de lo emocional. No estamos en Noruega, donde el primer ministro aparece en televisión una vez al año y puede ser encontrado comprando tranquilamente en un supermercado de Oslo. Pero las emociones pueden canalizarse, tanto entre oficialistas y opositores, hacia el análisis de los problemas que nos enojan, hacia la construcción de soluciones que nos hagan felices, hacia el inverosímil hábito de, aunque sea de vez en cuando, escuchar al otro.
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