02 febrero 2010

Sleuth: diálogos brillantes, virtuosas actuaciones

Sleuth (2007), una película sin costosos efectos especiales ni impresionantes escenarios, pero con diálogos fascinantes y actuaciones virtuosas.  Un gran director, Kenneth Branagh -también actor, conocido por sus adaptaciones cinematográficas de Shakespeare- y dos actores consagrados, el maestro Sir Michael Caine y el versátil Jude Law, despliegan todo su talento en un filme cuyo guión fue elaborado por el Nobel de Literatura, Harold Pinter, sobre la base de la obra teatral ganadora del Tony, de Anthony Shaffer.

Una batalla de personajes que juegan a vencerse y a vencer al espectador en un sólo escenario: la moderna y fríamente iluminada casa del millonario escritor Andrew Wyke (Caine), famoso por sus best sellers policíacos y traicionado por su esposa, quien se ha marchado con el joven actor de origen italiano Milo Tindle (Law), a quien Wyke recibe en su casa para iniciar una serie de juegos de tipo el gato y el ratón, con el objeto de humillar al amante de su cónyuge.  Lo que él no sospecha es que Tindle también esconde cartas bajo la manga y se valdrá de todo su talento para igualar el marcador de las humillaciones.  Los dos primeros actos navegan entre el misterio y el suspenso, el tercer y último acto muestra la humanidad y romanticismo de los personajes, desde un enfoque ambiguo casi cómico, para enseguida volver sobre sus etapas más oscuras, su capacidad de engaño, de crueldad, de revancha.

Sleuth se adaptó al cine ya en 1972; curiosamente, Caine interpretó a Milo Tindle, mientras Lawrence Olivier tuvo el papel de Wyke.  El guión lo realizó el propio autor de la obra, Shaffer, por lo que la versión de Pinter se presenta renovada y replanteada para ajustarla mejor a la sociedad y moralidad actuales, de tal manera que los críticos se abstienen de llamarla remake.

En la versión 2007 hay cameos de Harold Pinter y Kenneth Branagh, quienes aparecen en un programa de entrevistas en la televisión que está viendo Michael Caine antes del segundo acto.

Una película para los amantes de la teatralidad, de las palabras, de los buenos guiones y las buenas actuaciones. Algunos críticos se refirieron a ella como "claustrofóbica", otros la comparararon con la de 1972 y se sintieron decepcionados, ciertos espectadores la encontraron aburrida.  Tal vez porque estamos acostumbrados a la estridencia de las superproducciones de Hollywood y hemos perdido la capacidad de valorar el arte en su esencia.  Si bien no ha recibido toda la atención que merece, seguro, como ha dicho el propio Caine, será redescubierta algún día.