20 enero 2010

Ideales de Belleza

Vivimos rodeados de estándares estéticos que creemos universales gracias a los bombardeos publicitarios, pero no, nada más lejos de la verdad; en el tiempo y en el espacio, lo que el hombre considera bello ha cambiado radicalmente, demostrándonos que no hay una sola manera de entender la hermosura ni un criterio determinante y definitivo para etiquetar algo como "feo" o "bonito".

Para la tribu Kayan -cerca de Tailandia-, por ejemplo, la figura de la mujer es más bella cuantos más anillos metálicos exhiba en su alargado cuello.  Para el efecto la colocación inicia desde temprana edad, consiguiendo una figura sumamente estilizada, del todo extraña a ojos occidentales.

Los incas, al igual que los egipcios y otros grupos étnicos de la antiguedad, practicaban la deformación craneana, aparentemente para demostrar la pertenencia a una clase alta.


En Mauritania las mujeres delgadas no se consideran hermosas, por el contrario, se rinde culto a la obesidad como símbolo de prosperidad y opulencia -en directa oposición a nuestra obsesión por la extrema delgadez-, por lo que se llega a obligar a las jóvenes a consumir grandes cantidades de leche y alimentos ricos en grasas para tener un cuerpo voluminoso y más deseable.


En la tribu Karo, de Etiopía, las mujeres se provocan heridas que dejan cicatrices en el vientre para decorarlo; una mujer no está lista para el matrimonio mientras no posea las llamativas cicatrices.  Igualmente, los varones exhiben cicatrices en el pecho, pues simbolizan la lucha contra tribus enemigas.

En China, muy conocida es la milenaria práctica de vendar los pies de las mujeres, deformándolos para evitar su crecimiento.  Los pies pequeños, llamados "pies de loto", se consideraban más hermosos y sensuales, además, sólo los ricos podían permitirse una mujer que no hiciera ningún trabajo a causa de la deformación.  Estos procedimientos fueron prohibidos durante los primeros años del siglo XX, pero nos demuestran cuán disímiles pueden ser los modelos estéticos.  Se dice que el balanceo empleado para caminar con los pies reducidos era visto por los hombres como altamente excitante.  Desconcierta saber que antes del vendaje era necesario romper los dedos de los pies y el arco, lo que nos hace preguntarnos cuál es el límite del dolor que una persona está dispuesta soportar a cambio de la belleza, tanto entonces como en nuestros días.


Lo cierto es que los ideales de belleza son creaciones culturales que se han relacionado con la fertilidad, el estatus social, la riqueza o la capacidad de consumo, y terminan siendo, finalmente, conceptos relativos, no innatos, no propios, sino asimilados del entorno.  Tantos parámetros estéticos diferentes no pueden compararse ni competir entre sí.  Quiénes somos, al fin y al cabo, para sentenciar si un ser humano es estético o no. Lo que sí es posible es entender, tolerar y valorar la diversidad, para amar la individualidad propia y la ajena como un milagro único en un cosmos vasto de posibilidades.