30 noviembre 2009

¿Perezosa clase media?


Para iniciar la semana, un post más bien breve, motivado por el artículo "La Mediocridad de la clase Media" de @juancabrito.  Este diseñador gráfico, cuyo miniblog sigo desde hace poquísimo tiempo, no deja de sorprenderme por la sencilla cordura con la que aborda los temas políticos: sin ser pretencioso, pero con irreverente audacia.  Precisamente en el post anterior me refería a la apatía de los quejumbrosos, y aunque no les puse la etiqueta de "clase media", bien podría aplicarse ya que el autor utiliza la expresión, no en un sentido económico marxista, sino más bien para describir una mentalidad, una manera de ser en un ámbito cultural.

No se me entienda mal, el verdadero valor que reconozco en este artículo es, por una parte, su sinceridad y autenticidad -en contraste con las posturas artificiosas de periodistas profesionales como Ortiz y Vera- al asumir el riesgo de escribir de tal manera que con seguridad ha de recibir respuestas del tipo "eres un resentido social"; y por otra, el hecho de que me haya hecho pensar en cuán informada estoy realmente.  Al fin y al cabo, la misión de quien escribe es por partida doble la de aprender y la de enseñar, y este artículo me enseñó algunas cosas sobre mi propia mentalidad.

No con el afán de señalar con el dedo a las personas calificándolas de "mediocres" si no más bien con el objetivo de sacudirme la propia mediocridad, escribo estas reflexiones consciente de que no he leído todo el proyecto de Ley de Comunicación, de que no conozco bien las funciones de todos los Ministerios y de que no he podido contrastar toda la información que cada día obtengo de Internet y de la televisión.

Finalmente vuelvo a lo mismo: en mi país nos quejamos sin proponer y opinamos sin conocer.  Mi tutor, el doctor Carlos Pérez, comentaba el fin de semana que la decadencia de la cultura contemporánea se debe a la pérdida del hábito de leer y del hábito de escribir.  No podría estar más de acuerdo.  Y como docente una de mis misiones es justamente ésa: conseguir que los estudiantes lean con avidez y se atrevan a escribir, para que algún día vaya quedando atrás la invisible camisa de fuerza de la apatía intelectual y política que nos esclaviza.