27 julio 2008

¿Cuánto vale el trabajo de un artista?

Lunas Azules estuvo abandonado por un par de días debido al trabajo con Overground para la organización del concierto por la Unión y el Respeto en que participaron bandas de estilos diversos, a saber: Descomunal (metalcore), Basca (trash metal), Jethzabel (metal progresivo) y Rosas para los Muertos (post hardcore). La concurrencia fue satisfactoria y el ánimo y actitud positiva de los asistentes hicieron que el evento fuera un éxito. A veces el trabajo de organización resulta imperceptible, sobre todo cuando no se presentan incidentes, pues es más bien en el evento acaecer desgracias, cuando los promotores salen del anonimato para asumir responsabilidades.

En este contexto es conveniente sacar a relucir la creciente actividad musical de la escena nacional. Este año grandes bandas como Megadeth y Deep Purple han actuado en el país y agrupaciones no menos talentosas como The Black Dahlia Murder, Terror y muy pronto Poison the Well, nos visitan en eventos que hace un par de años habrían parecido utópicos.

La respuesta del público es, naturalmente, el motor capaz de dar continuidad a la marcha de una maquinaria en la que organizadores, productores y artistas conectan y sincronizan su trabajo para poner en escena espectáculos musicales de calidad. A diferencia de lo que ocurre en la industria del entretenimiento masivo (cines, discotecas, raves, etc.), la audiencia no siempre está dispuesta a pagar precios que en general no podrían considerarse elevados -hablemos de un promedio de $5 por concierto con bandas nacionales- tomando en cuenta que una entrada para ver una película cuesta $4,99 y muchos bares y discotecas que ofrecen, por ejemplo, actuaciones de DJs, suelen cobrar entradas de hasta $15. Hay que tomar en cuenta varios factores que intervienen en la determinación del precio de un concierto de rock:
  • Arriendo de locales: los conciertos tienen que llevarse a cabo en lugares más o menos adecuados para el efecto, aunque en nuestro medio no contamos con inmuebles construidos para tal propósito. De cualquier manera los cánones arrendaticios tienen que cubrirse. Este rubro puede oscilar entre los $200 y $500, para el caso de bares y otros locales cerrados.
  • Amplificación y sonido: es uno de los factores primordiales puesto que constituye el gran parámetro que determina, junto con la selección de bandas, la validez de un espectáculo. Un ryder técnico estándar adecuado para un local cerrado de medianas proporciones puede costar alrededor de $400.
  • Publicidad gráfica: aquí entran en juego dos rubros, el diseño de imagen por una parte -el diseño profesional de un afiche se ubica alrededor de los $200-, y por otra los gastos de imprenta; de acuerdo con la calidad del material variarán los costos, pero será proporcional a la proyección del evento hacia los potenciales asistentes.
  • Impuestos: el ítem más polémico de la lista, ya que uno no termina de explicarse la lógica de ciertos rubros. Por ejemplo, el porcentaje correspondiente a la Sociedad de Autores y Compositores Ecuatorianos (SAYCE), que asciende al 8% de la taquilla, teóricamente consiste en un aporte que se realiza por la utilización de las obras artísticas de los autores asociados, quienes año a año deberían recibir los réditos que corresponden a dicho uso -hasta dónde sé, eso nunca sucede-. Pero ¿y si un artista no es afiliado y no quiere serlo? ¿Por qué habría de pagarse un porcentaje tan alto para poder ejecutar las propias composiciones que son propiedad inalienable del autor? La FENARPE (Federación Nacional de Artistas Profesionales del Ecuador) y sus filiales provinciales multan, ante la realización de cada espectáculo, a los artistas no asociados, con valores que se fijan al regateo, ya que no constan en ningún reglamento; suele pedirse un porcentaje del valor de cada contrato. Es obvio que no es igual una banda de rock que actúa mensualmente o con menor frecuencia, a una agrupación de tecnocumbia que cada viernes recauda buenas cantidades y descuenta rápidamente los valores anuales que cobran estos "gremios". La emisión de boletos implica también el registro de los talonarios para el pago al SRI, y de tratarse de artistas extranjeros, un 10% de la taquilla para el Municipio.
  • Hospedaje y alimentación de bandas invitadas: aunque la gran mayoría de músicos se adaptan a todo tipo de situaciones, jamás debería tolerarse el que no se les facilite la comodidad necesaria durante su estadía en la ciudad. En términos muy modestos podemos pensar que la estadía asciende a $15 diarios por persona más $10 para comidas.
  • Honorarios para los artistas: el trabajo de los músicos merece la misma remuneración que la de cualquier profesional. El amor por el arte y el afán de buscar vitrina hacen que las bandas más jóvenes no exijan siquiera remuneración por su espectáculo, pero aquellas que tienen mayor poder de convocatoria piden, con justísima razón, que se reconozca el esfuerzo y la entrega que les ha llevado a encontrarse en donde están. ¿Cómo determinar el precio de la actuación de una banda, sabiendo que detrás hay horas de ensayo, largas sesiones creativas, esfuerzos de promoción independiente e incluso deudas por pagarse?
Y en esta lista no constan honorarios para los organizadores, cuyo trabajo es innegablemente arduo y susceptible de valoración económica. Puede decirse que en un concierto de rock ya es bastante salir sin pérdidas. Evidentemente se procura cubrir varios de estos rubros a través de auspicios, y es justamente gracias a éstos que el precio de entrada a un concierto puede ubicarse alrededor de $5; pero hay que tomar en cuenta que los conciertos de rock no son precisamente eventos que las empresas tengan gran interés en auspiciar, ya que no forman parte de la cultura oficial capaz de atraer grandes masas.

Es necesario hacer esfuerzos por incorporar al imaginario colectivo una serie de manifestaciones alternativas cuyo valor artístico es cada vez mayor, y comprender que, en la lucha por conseguir espacios más dignos para expresar nuestra cosmovisión y defender nuestro estilo de vida, es esencial apoyar seriamente a nuestros referentes culturales, acudiendo a los eventos, reconociendo el valor económico de la actividad artística, adquiriendo el material fonográfico original y demás mercadería de las bandas... agradeciendo, en fin, lo que su música ha representado en nuestras vidas.