24 junio 2008

Piensa que en el fondo de la fosa llevaremos la misma vestidura

Todo es una terrible repetición

El verso que titula esta entrada -tomado del vals peruano "Ódiame", de Federico Barreto y Rafael Otero-, vino a mi mente cuando recibí un mensaje de un lector, que a continuación, y con su licencia, transcribo:

Hoy debido a un sinnúmero de circunstancias no tan agradables, ha saltado a mi mente una pregunta sin respuesta. ¿Para qué vivir de la manera que hemos elegido, si a la final todos terminamos de la misma manera?. O sea como quieran verlo, en polvo somos y en polvo nos convertiremos, ¿y?
Me refiero, a la larga el malo y el bueno tienen el mismo final y eso de que podríamos ir al cielo o al infierno tampoco está muy comprobado que digamos. Entonces por qué ser generosos o egoístas, por qué ser felices o tristes, por qué tener o no a otra persona, formar o no una familia.
Diganme señores, alguien me puede responder a esta pregunta.
Me gustaría mucho saber sus opiniones.
Así que mi estimada Silvi, ¿qué dices?
P.
Valiéndome del estilo espistolar que caracteriza a uno de mis blogs favoritos, contestaré:


Querido P,


Nietzsche hablaba del "eterno retorno" como su forma característica de entender el tiempo, complemetamente diferente a nuestra tradicional y lineal manera de concebirlo. De acuerdo con la idea del eterno retorno, todo, las circunstancias, las personas, los paisajes, van a repetirse una y otra vez infinitamente. El viejo Federico parte de la idea de que las variables que puede presentar el universo son finitas, es decir, hay un número limitado de combinaciones posibles de las fuerzas que hay en el cosmos (combinaciones de partículas de energía) mientras que el tiempo es ilimitado o infinito, razón por la cual está repetición continuará incansablemente. Cuando la combinación de fuerzas que hizo posible , por ejemplo, que yo fuera engendrada, naciera y viviera, se repita, pues volveré a ser engendrada, a nacer y a vivir. No podría darle una explicación exacta a esta afirmación, pero me parece que podemos hacer un símil con la creación musical: a veces se nos ocurre que todas las posibles combinaciones de melodías y armonías están agotadas y es imposible crear algo nuevo, algo que no se repita. Unos dirán que eso no es verdad, que cada día los artistas aportan nuevas y originales ideas; otros dirán que efectivamente no hay nada nuevo bajo el sol y toda la nueva música no es sino una mera variación de lo que ya se hizo en el pasado. Que no hay innovación.

Más allá de todo esto, la noción del eterno retorno trasciende consideraciones cronológicas y de comprobación experimental para presentarse como reflexión axiológica, es decir, sobre las valoraciones que hacemos los seres humanos de cada cosa. Para ilustrar lo dicho, transcribo un pasaje de "La Gaya Ciencia", del filósofo alemán que nos ocupa:

¿Qué sucedería si un demonio te dijese: Esta vida, tal como tú la vives actualmente, tal como la has vivido, tendrás que revivirla una serie infinita de veces; nada nuevo habrá en ella; al contrario, es preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro vuelvas a pasarlo con la misma secuencia y orden y también este instante y yo mismo... Si este pensamiento tomase fuerza en ti te transformaría quizá, pero quizá te anonadaría también...¡Cuánto tendrías entonces que amar la vida y amarte a ti mismo para no desear otra cosa sino ésta suprema y eterna confirmación!

Así, el eterno retorno le da a la vida un valor absoluto: hay que vivir de tal manera que la eterna repetición de lo mismo sea justamente lo que queremos; de tal forma que de tener que volver a vivirlo todo, nada pueda parecernos mejor que la repetición de lo que hemos hecho, de lo que hemos sido. Sólo perdiéndole el miedo al eterno retorno, el hombre puede convertirse en Superhombre.

Volviendo al vals... no son pocos los que cuestionan el valor intrínseco de la vida, como ahora lo haces tú, mi querido P. ¿De qué sirve preocuparse tanto si es para vivir tan poco? ¿Por qué no vivir desenfrenada e irresponsablemente si al fin y al cabo sólo se vive una vez? O por el contrario, ¿por qué no dejarse llevar por la apatía, el desgano y la pereza? Alejándome un poco de lineamientos filosóficos y otros academicismos, diré que, en lo personal, aunque no sepa ni pueda imaginar siquiera qué me espera después de la muerte, de lo que sí estoy segura es de que una vida trabajando en algo que a uno no le gusta hacer, pasando tiempo con personas con las que no se puede conversar, tramando ardides para escalar posiciones pasando por encima de los otros, es una vida vacía, triste y cansina. Entonces sí, todo pierde sentido y la tranquilidad interior se vuelve imposible. Seguramente hay quien puede con una vida egocéntrica y tramposa. Yo preferiría haber vivido disfrutando lo que hago y amando lo que disfruto, aunque al final sólo me espere la biodegradación.

S.

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