31 mayo 2008

De lo kitsch a lo innombrable

...es kitsch aquello que se nos aparece como algo consumido; que llega a las masas o al público medio porque ha sido consumido; y que se consume (y, en consecuencia, se depaupera) precisamente porque el uso a que ha estado sometido por un gran número de consumidores ha acelerado e intensificado su desgaste.
-Umberto Eco


Kitsch
... palabra alemana que en un sentido extensivo designa una estética anacrónica o de mal gusto y que en términos estrictos se refiere a una imitación pobre y grotesca de una forma de arte más elevada. Al parecer no son pocas las veces en que desde una posición soberbia y esnobista se ha utilizado esta terminología para ridiculizar algunas propuestas estéticas que, naturalmente, no están al servicio de los intereses de quienes les restan valor.

Históricamente el término empezó a utilizarse entre las décadas del 10 y el 30, para calificar al arte de la burguesía: los "nuevos ricos" se rodeaban de un arte precario que no representaba nada, pero que se utilizaba para recrear el estilo de vida de la nobleza tradicional. Así, la arquitectura podía combinar caóticamente estilos que iban desde el gótico hasta el barroco, siendo característico de lo kitsch, justamente la exageración como mecanismo para ostentar un estatus social y económico. Un ejemplo en el presente pueden ser las baratijas decorativas que se comercializan masivamente, con complejos y exagerados apliques en dorado, que es el color del oro, o reproducciones de pinturas que se encuentran en los grandes museos.

Este "querer aparentar" sería el criterio valorativo para juzgar algo como kitsch. No se debe, por lo tanto darle este calificativo al arte popular genuino, pues no pretende aparentar ni imitar elementos foráneos; es el arte creado por el pueblo y dirigido al pueblo, entendiendo el término desde un punto de vista antropológico y étnico -valga la aclaración, porque esta palabra también ha adquirido en nuestro tiempo una connotación peyorativa-. Así, al contrario de lo que ocurre en el arte de élite, en el arte popular no suelen distinguirse autores de manera individual, pero sí se identifican escuelas y grupos.

Con el arte popular se relaciona de cerca el arte "naif" -del francés naive, que significa ingenuo-, llamado así por la espontaneidad y sencillez con que se plasman las obras artísticas, siendo más importante la motivación que quiere exteriorizarse, que las técnicas, pericias y recursos estilísticos propios del arte académico.

Pintura Naif de la Comunidad Tigua, Ecuador

A contrario sensu, existen manifestaciones mal llamadas "artísticas", calificadas como arte popular o naif, cuando la ingenuidad radica más bien en que el autor o el público crean encontrarse frente a obras de arte, no necesariamente por no tener conocimientos -la sensibilidad estética es consustancial al hombre- sino más bien por el continuo bombardeo de conceptos comerciales distorsionados cuyo objetivo es distraer y adormecer, destruyendo progresivamente la capacidad para reconocer la belleza -y la fealdad del statu quo-.

Recordemos la singular canción "Mi Conejito" de Los Conquistadores, que frecuentemente he visto etiquetada como "arte popular" aunque definitivamente no lo sea: se trata de un ritmo pegadizo y repetitivo basado, eso sí, en ritmos folclóricos ecuatorianos, pero que los desgasta y consume -para usar la terminología de Eco-; se sirve profusamente de sonidos ajenos, como unos teclados que ni de lejos asemejan los vientos de la música andina, así como letras, percusiones artificiales y otros recursos que terminan convirtiéndola en una pieza kitsch, justamente porque no llega a ser lo que pretende -o quizá nunca pretendió-. Innumerables ejemplos pueden encontrarse, y no le quitamos mérito a lo divertidos que puedan resultar los temas o lo bailables que terminen siendo las melodías, pero hay que recalcar que esto no es arte popular, y sí lo es, en cambio, La Vasija de Barro, o el teatro de Carlos Michelena.

Igualmente, dentro del cotidiano y vasto universo de la música pop, existen piezas a las que me refiero como kitsch porque en realidad no tengo en mi vocabulario otro término que exprese mejor la fealdad de que adolecen. De este modo llego finalmente al incidente que inspiró este artículo en un principio: haber encontrado este producto, que según mi apreciación es infinitamente más grotesco que el del propio Delfín:

Deep (¿?!!) Mike -siga los enalces a riesgo propio: hi5, myspace-

Este espacio nunca ha pretendido realizar ataques personales ni lo hará en el futuro, pero la impresión que me causó esta producción, seguida de la perplejidad que me invadió al constatar que se trata de un compatriota, rematada por el ataque de risa nerviosa que sobrevino cuando vi que ha sido etiquetado como"rock alternativo", merecían al menos una referencia. Sólo agrego que lo único que puede justificar la difusión de algo así es la libertad de expresión, que respeto como derecho fundamental del ciudadano, de modo que cierro aquí este paréntesis para dejarles el resto de observaciones a los lectores.

De cualquier manera, no todas las implicaciones de lo kitsch son negativas: también puede entenderse como una forma de rebeldía ante los parámetros estéticos oficiales, ya que cuestiona lo que se considera de buen gusto dentro de un sistema específico. Formular un concepto y un mensaje políticamente comprometido valiéndose de elementos de mal gusto, sólo puede conseguirse con un juego preciso y medido de los recursos que se utilizan. Finalizo con una cita tomada de la influyente novela de Milán Kundera, "La Insoportable Levedad del Ser", para dejar planteada una contrapartida:

...de eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que se extendió después da todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable.